…Cantaba el rey David…

En este momento sería bueno que me diera una apoplejía para evitar una extraña obligación a ser sincera, escribir esto y lograr que así pase a la posteridad como uno más de mis vergüenzas. Aunque el decirlo no es lo peor del caso, tomando en cuenta que ya hubo quienes tuvieron el placer de escucharlo cara a cara de mi boca y persona, y reírse en el preciso momento, a forma de prevención de el contenido de estos caracteres; lo peor reside en el hecho de que no hay testigos, y quizá a alguien se le podría pasar por la cabeza que es un invento mío, pero créanme, tengo algo de imaginación, pero definitivamente no tanta.

El insomnio suele caracterizarse por la vigilia o la falta de sueño a la hora de dormir. Estados prolongados de insomnio suelen diagnosticarse como trastornos del sueño, y existen clínicas que se dedican a ayudar a quienes están dispuestos a dormir y ser monitoreados por ello. Pero si llego a una clínica de sueño con un motivo como el mío, quizá me manden a freír espárragos con una orden de no acercarme a menos de veinte metros de ninguna clínica del estilo.

Y es que, de pequeña, según mi mamá, yo tenía la costumbre de arrullarme antes de dormir, cantando un par de canciones (sí, yo no soy precisamente cantante de regadera, sino cantante de sábana) y es una manía que de vez en cuando repito por las noches, en bajito, para no tener que atormentar los oídos de nadie. Mi repertorio consta, generalmente, de las canciones que solía cantar en el coro de la primaria (quizá porque me trae buenos recuerdos, y porque nunca, o casi nunca, he vuelto a escuchar esas canciones en ningún otro lugar, y empiezo a preguntarme si quizá no serían los inventos de aquélla profesora con exceso de maquillaje, una arruga en el cuello que parecía cicatriz de degollada, y cuyo nombre, Elda, nunca lograré sacar de mi cabeza…¿?).

Sin entender el motivo, el gran error de la noche, una canción popular mexicana, que solemos cantar en coro alrededor de quien festeja su aniversario, antes de apagar las velas el pastel, surgió en mi garganta, comencé a cantarla y súbitamente, al terminar la palabra David… se acabó… Adiós inspiración, adiós sueño, adiós posibilidad de una noche tranquila, y definitivamente adiós a toda posibilidad de ser una persona normal. Olvidé el resto de la letra, a pesar de las incontables ocasiones en las que la he cantado en voz alta, o me la han cantado (sin contar los pastelazos, de los cuales me temo que en algún momento comenzarán a vengarse, auxilio). Y así, en medio de mi vergüenza y frustración por no recordar el resto de la canción de siempre, pasé la noche en vela, y por encima se lo voy anunciando al mundo.

Y la apoplejía no ha ocurrido…

No, aún no…

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