Éste que ves

Porque definitivamente hay libros que vale mucho la pena compartir, y sobre todo recomendar, aprovecho la ocasión para ello. Les comparto un puñito de frases del libro Éste que ves de Xavier Velasco (y por supuesto no se pierdan Diablo guardián):

-Uno a veces se agarra de los ogros pequeños para no ver entero al monstruo que está en frente.

-(…)pero las tumbas tienen lápida y epitafio.  Están ahí para que la memoria nunca quede perfectamente sepultada.

-Los grandes pueden hacer lo que quieran, hasta las bromas se las toman en serio. Con los niños es al revés, todo lo que uno hace creen que es para jugar.

-Si tengo que creerme las mentiras, por lo menos que sea yo quien las inventa. -Creo que eso es lo peor de estar encarcelado: tener miedo a salir.

-Contar historias – y peor, la propia historia – entraña hacer pedazos lo que estaba entero y armarlo ya no con la idea de que alguna vez vuelva a funcionar, sino de cuando menos llegar a comprenderla.

-Escribir no es ganar sino, echar a perder. Es saber que se va directo al error y aún así avanzar porque al cabo la meta es extraviarse.

-Escribir es lanzarse a perder todo por nada, creyendo que no hay otra forma de ganar.

-Leemos y escribimos las historias no porque necesariamente pasen, sino porque nos pasan. Cuando un lector henchido de entusiasmo nos anuncia: “¿Sabes qué libro acabo de leer?”, el brillo de sus ojos parece preguntar: “¿Sabes qué me pasó?”. No pasó, me pasó, por eso necesito contarlo.

 

-Leemos y escribimos por la misma razón que la gente se tira de un avión: nos urge ya meternos en problemas.

-Cuando uno llora así, a válvulas abiertas, siente que el tiempo pasa por las lágrimas.

-Dicen que con llorar nada se arregla, pero eso no es verdad. Llorar es hacer algo, aunque ese algo no sirva más que para quitarnos la sensación insoportable de no hacer nada. Estamos aguantando el paso de las horas, eso tendría que ser bastante. Estamos maldiciendo nuestra suerte, aguardando quizá que alguien adentro no lo soporte más y decida hacer algo para cambiar las cosas.


-Uno quiere contar historias nuevas y termina contando la de siempre, igual que va y se compra ropas nuevas para ser otra vez el de toda la vida. Uno mira hacia atrás y entiende tanto como cuando pretende mirar al porvenir. No se entiende la vida, ni el amor. Por eso hay que contarlos, para que haya un atrás, un adelante, un arriba, un abajo, un así eran las cosas y un éste era yo.

-No soporto la idea de hacerme grande ahora, sólo porque es la hora de terminar la historia, y además uno escribe para pelear contra lo insoportable.

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Happy B-day Ali!

Un cumpleaños no es cualquier cosa, y en todos lados, aún cuando en algún momento era de mal agüero celebrarlo y hasta considerado “pagano”, se celebra según la tradición. Quizá sería bueno preguntarnos cómo podríamos catalogar nuestras celebraciones de aniversario natal. Que quede claro que esto no es en la generalidad, sino que se trata de tradiciones, aunque no conseguí qué tan practicadas son en realidad…


En varios países de África se celebran iniciaciones a grupos de niños en vez de sus cumpleaños. A una edad designada aprenden leyes, creencias, costumbres, canciones y bailes de sus tribus (Nosotros celebramos los cumpleaños de forma individual, las graduaciones de primaria, preparatoria y universidad las celebramos, no nos olvidamos de los eventos religiosos donde somos protagonistas, y cualquier otra ocasión que amerite o sea sólo una excusa….).

En China los niños que cumplen años les ofrecen sus respetos a sus padres y a ellos les regalan dinero. Familiares y amistades son invitados para almorzar y les sirven fideos, esto para desearle al niño o niña una vida eterna (Nosotros le ofrecemos respeto… Perdón, a nosotros nos demuestran respeto en nuestros cumpleaños, c’mon… aunque eso del dinero no suena tan mala idea). Cuando se trata de cuántos años se cumplen, en China se festejan los años que vienen, no los que se acaban de cumplir (es decir cuando yo cumplo 23 en occidente, en China celebran los 24… vamos que como dicen por ahí nosotros nos enfocamos en el pasado y ellos en el futuro).

En Dinamarca se pone en la ventana una bandera para indicar que alguien de esa casa cumple años. Se ponen regalos alrededor de la cama mientras el niño(a) duerme, para que sea lo primero que vea al despertar (¡Qué mono! Que se entere todo el mundo).


En Ecuador al cumplir la niña sus quince años habrá una gran celebración, donde ella usará un traje color rosa. Su padre le coloca su primer par de zapatos con tacón alto y bailan el vals (Aquí eso del zapato no me suena conocido, pero lo del vals… Faltan los chambelanes, la carroza, la foto en el ángel, y el ser considerada cancha reglamentaria).

En la India el niño(a) que cumple año lo visten con mucho colorido para la escuela y se le obsequia chocolate a sus compañeros (¿por qué a los compañeros? ¿No se supone que el que cumple años debería de recibir el chocolate?).

En Japón para la ocasión, los niños que cumplen años los visten con ropa totalmente nueva (En pocas palabras, van de estreno, y que te dure todo el año, ¿o qué?).

En Israel el niño(a) es sentado en una silla, mientras los adultos lo alzan y bajan el número de veces que cumple años más uno para la buena suerte (Vamos, que se trata de un entrenamiento para aquello del vértigo y el mareo. Yo amo el suelo…).


En Nepal una mezcla hecha de arroz y color es puesta en la frente del niño que cumple año para la buena suerte (… Perdón es que quiere decir que todo el día vas por ahí con una marca en la frente como para que TODO el mundo sepa que es tu cumpleaños… Arroz pegado en la frente… ¿Alguien se lo come después?).

En Noruega el estudiante que cumple año pasa al frente de salón de clase, escoge un amigo para bailar, mientras el resto de sus compañeros de clase le cantan una canción (¿Y qué hay del que tiene dos pies izquierdos? ¿Es el baile iniciático? Vamos, una burla hecha y derecha).

En Irlanda el niño(a) que cumple años es alzado(a) al revés en el aire y luego bajado(a) para darle cantacitos en el piso según el número de años que cumple más uno para la buena suerte (Aquí no sólo te levantan en el aire, sino que lo hacen de cabeza… Desearía no haber cumplido años…).

También es costumbre (al menos en España y Argentina) tirar de las orejas del “afortunado”, una vez por cada año que cumple.
En otros países como Estados Unidos se dan tantas nalgadas como años tenga (Una completa y sincera invitación a la violencia…).

Así que, veamos… Nos gusta ser más individuales que en África, no nos gusta mucho crecer como para celebrar el año que viene, no ponemos banderitas pero sí música a todo volumen, lo de la celebración de quince años lo dejaré en puntos suspensivos, …, el chocolate le pertenece al cumpleañero y si sobra algo ya vendrán los compañeros, nos gusta estrenar todo el año, no me ha tocado que lancen al cumpleañero al aire, no vamos con comida de colores pegada en la frente, no nos hacen bailar enfrente de todo el salón aunque en ocasiones nos ponemos la coronita, si no nos lanzan al aire, menos lo harán de cabeza, y la violencia es innata de los que pasamos más de una hora en el coche diario…

Hacemos ruido, prendemos velitas, soplamos, nos embarran pastel, nos tomamos fotos, nos dan regalos, dejamos cadáveres de botellas, y en ocasiones hacemos novenario…

No sé qué opinen ustedes, pero me gusta mi tradición de cumpleaños…

Ali, Happy B-Day, today and tomorrow… No te deseo que vivas eternamente, porque ambas sabemos que sería un suplicio, pero… have all the fun you need…

Rabbit, Rabbit

Son curiosas las cosas que uno recuerda. Muchas de las cosas que hacemos, en automático, nos las enseñaron, las copiamos, o simplemente las hacemos por iniciativa propia. A mí me paso, y cada primero de mes repito mi pequeño mantra para “la buena suerte” y cada que lo hago me acuerdo…

Yo tuve una maestre, Mrs. Viksny, que se presentó el primer día como una verdadera bruja, con poderes de todo tipo. Nos enseñó fantasmas rojos, nos amenazó diciendo que tenía un látigo guardado en el armario del salón para cuando nos portáramos mal, y de verdad, físicamente, podías convencerte de que era una bruja (no es que fuera fea, o con nariz grande y puntiaguda y un lunar horrible. Pero te convencías, y tenía un nombre… Viksny…) Me acuerdo que hicimos obras de teatro en su clase, tres me parece, de un trío de brujas que llegaban a la Ciudad de México, y cada vez que alguien pronunciaba la palabra “Chapultepec” pensaban que había estornudado y procedían a decir “Bless you”… Sí, yo también actué en esas pequeñas obras. Sólo recuerdo dos de mis papeles. En uno fui el gato negro de la bruja, y en la otra fui una de las tres brujas (no wonder!). Aún tengo, en algún lugar, los guiones y por supuesto fotografías…

Esos recuerdos vale la pena guardarlos. No sólo por ser nostálgicos, sino porque te recuerdan por qué hay detalles de tu persona tan peculiares (quizá entiendan mucho con esto). Yo adoré a mi maestra, que además era de Latvia (sí, ese país sí existe, ex URSS) y lo único que aprendí a decir fue
SVEIKS, que quería decir hola y adiós (como el ciao de los italianos).

El caso es que el primer día de clases era, por suerte, primero de mes (septiembre si no me equivoco). Nos tenía a todos sentados en el suelo impresionados, porque teníamos una maestra que era una auténtica bruja y por alguna extraña razón no teníamos miedo de ella (a decir verdad yo la quise mucho, y la verdad es que quizá por ello la recuerdo tanto), y nos dijo que todavía era lo suficientemente temprano como para poder decir “Rabbit, rabbit” y tener buena suerte durante todo el mes. Curioso. No recuerdo que lo haya vuelto a hacer ningún otro primero de mes (era nuestra labor acordarnos en el momento de despertar, que si el “hechizo” perdía fuerza).

¡¡De todo esto ya tiene algo más de 16 años!! Cada mañana, cuando comienza un nuevo mes, me despierto y me repito las mismas palabras… No sé si sea de verdad, pero es una costumbre, que más que prometerme lo que se supone que logra, me transporta a la misma indulgencia, ingenuidad, y tremenda niñez… Así que si no me trae buena suerte, al menos le sigo encontrando interminables sorpresas a la vida.


Así que…

¡¡Rabbit, rabbit!!”

      Incógnitas de la vida I

      Si la vida no estuviera llena de incógnitas yo pasaría mucho tiempo en constante silencio. De verdad, y los que no lo saben, deberían de sentarse un día conmigo y con Ali, y se convencerían de ello. Como el día que nos preguntamos cómo se comunican las jirafas si no tienen cuerdas vocales. Digo, si no tienen cueras vocales, pues tampoco les hacen falta orejas, ya que sus antenitas, de alguna manera han de servir para todo lo que haga ruido… Y aunque no tenga sentido la conversación más interesante puede llenar las horas de espera en un restaurante, y la cara de los metiches de la mesa de al lado no tiene precio. Si todo lo que hacen es preguntar por qué los aviones tienen salvavidas bajo los asientos y no paracaídas… o por qué si las cajas negras que cargan son indestructibles, quizá deberían hacer todo el avión del mismo material. Y es que las incógnitas son constantes. La lista de gastos de un ejército con soldados kamikaze no debería de contar cascos, porque no tiene sentido que los utilicen, o cómo le hacen para pegar el teflón en un sartén si se supone que nada se pega al sartén. Muchas veces, marcando un número por teléfono, me he equivocado, y les juro, por esta se los juro, que nunca un número equivocado ha estado ocupado, ¿acaso a alguno de ustedes les ha pasado? Pero aún creo en los amigos, aún cuando a pesar de que Barbie es tan popular aún así le tienes que comprar a los amigos. En lo personal nunca me lavaron la boca con jabón, pero me pregunto si un mudo dice groserías le lavan las manos con jabón. Hay curiosidades del lenguaje, como que la palabra “monosílabo” tenga cinco sílabas; que la palabra “abreviado” sea larga; si intentas fracasar y triunfas, ¿cuál has logrado?; o la duda de si la montaña rusa es rusa; si el vino es un líquido, ¿cómo es que hay vino seco?; si alguien sabe cómo es el cero en números romanos les pido que me digan; y una de las constantes interminables, ¿qué fue primero el color o el nombre?, porque no sé si se llama naranja al color porque la naranja es naranja, o la naranja se llama naranja por el color naranja? Hay curiosidades en las caricaturas, y a mí ahorita sólo se me ocurren dos, porque no entiendo por qué los Picapiedra celebran la Navidad si se supone que vivieron antes de Cristo, y por qué el pato Donald se pone toalla cuando sale de bañarse, si todo el día anda con el culo al aire. Y hablando de toallas, ¿por qué cuando nos bañamos, si se supone que estamos limpios, lavamos la toalla después? Y menos mal que no hay toallas de lana, porque se encogerían… ¿Cómo es que las ovejas no se encogen cuando llueve? Y hablando de ovejas, ¿qué se supone que cuentan ellas cuando no pueden dormir? Hablando de animales, ¿qué pasa cuando una tortuga no tiene caparazón, se queda sin casa o está desnuda? , y si ves a un animal en peligro de extinción comiendo un planta en peligro de extinción, ¿qué se supone que haces? Ya que hablamos de animales, por qué no hablar de nosotros, los “humanos”, porque cuando miramos al techo siempre abrimos la boca, y cuando está muy oscuro siempre abrimos más los ojos… Y no podemos obviar a las personas con múltiples personalidades, porque imagínense que amenacen con suicidarse, ¿cómo consideras la situación? ¿Como una situación de rehenes? Y, por favor, no olvidemos que si según nosotras las mujeres, todos los hombres son iguales, ¿por qué entonces tardamos tanto en elegir a uno? Que de verdad, son horas de sana diversión, inténtenlo, o utilícenlo para sacar de quicio a alguien. Sana diversión…

      Vivan la Semana Santa y la primavera

      Es interesante esto de vivir en un país “laico” que al final da como días festivos la Semana Santa, la Navidad, el día de la Virgen de Guadalupe… pero al final es laico y la Iglesia no tiene nada que ver con su esquema. De vez en cuando he escuchado a quien se queja de que EUA a nivel gobierno y sociedad está amarrado a la religión, hasta en la impresión de sus billetes, así como en el juramento ante un tribunal. Pero, no puedo negarlo. Al final, y aunque yo no tenga vacaciones esta semana (por primera vez en mi vida) se agradece que seamos laicos y que nos den descanso. Al final no deja de tratarse de una semana en la que los capitalinos de ésta metrópolis dejamos a un lado las prisas y muchos gritos porque parece que vamos conduciendo el coche en cámara lenta, dejando pasar a los peatones… Y es que el tráfico se aligera. Además es primavera, los días empiezan a ser más soleados, nos caen de repente lluvias de gotas gordas que no refrescan y sólo embarran los vidrios del coche, para luego impedir que veas con el reflejo del sol en todo su esplendor. Claro que ya no es como antes, el clima quiero decir, con esto del calentamiento global, y esta ciudad parece que no va a ser la excepción en sus esfuerzos por satisfacer a su ensardinada población. Por ahí, alguna estadística de fuente desconocida, asegura que de cada diez “defeños”, nueve se quedan en la ciudad para las vacaciones de Semana Santa y Pascua, y en general, son los mismos nueve los que no suelen salir a las playas en esta época del año, y por lo tanto están predispuestos a enfrentar las altas temperaturas, arriba de los 35º C., sumándole la contaminación (una vez concluidas las vacaciones) y el tráfico. Ahora parece que vamos a tener cuatro, escuchen bien, cuatro playas artificiales, para las que ya hay arena, y así contrarrestar las altas temperaturas, así como el reparto de agua en transporte colectivo, y en zonas donde el agua escasea. ¡Primer Mundo, aquí les va México! Para empezar no somos japoneses con la tecnología ni la mano de obra para crear espacios de divertimento artificial realmente maravillosos. Segundo, esta ciudad está enraizada en un valle que SECAMOS hace tiempo, y que ahora se tambalea como gelatina. Tercero, diversas zonas de esta ciudad carecen de infraestructura para garantizar agua potable a sus habitantes, como Iztapalapa. Pero al final tendremos playas artificiales, con agua, para que los capitalinos podamos ir a tomar el sol y darnos un chapuzón… Me imagino el agua de esas “playas”. En primera, al aire libre, como lo está el mar, se vería interesante, pero con la contaminación que aquí tenemos, esa agua terminaría gris en un día. Sin contar con el hecho de dónde van a sacar el agua, porque como venga de la “llave” como cualquiera lo dice, entonces estará desde el principio sucia, y casi casi radioactiva. Hay que añadirle a los que se bañarán en ella, que llegarán luego de sudar en este aire, respirar su mal humor, y ahí, en ese agua, desahogarán sus penas, así como aprovechar para igual y liberar su hidratación. La arena, quizá la traigan de Cancún, con eso de que se desplazó tanta con el huracán… Y terminará siendo material para enviar a rellenar Piedras Negras. Y no podemos olvidar van a estar ubicadas estas “playas”. Porque capaz que en pleno reforma se arman, o en el bosque de Chapultepec, y el tráfico….

      La caca

      Hoy, dentro del espíritu de compartir, me hago a la idea de que van a encontrar lo siguiente un tanto interesante. Es de la reciente novela de Umberto Eco, llamada “La misteriosa llama de la reina Loana.” En este caso son las páginas 100-101 de la publicación de la editorial Lumen S.A. de la colección De Bolsillo, primera edición, México 2006. Espero la disfruten, y de paso pues les recomiendo la novela, de la cual en este momento no voy a hacer un resumen o comentario porque data mucho. En fin, pues eso, ¡salud!

      Me agaché, en el gran silencio del mediodía, roto sólo por algunas voces de pájaros y por el zumbido de las cigarras, y defequé.

      Silly season. He read on, seated calm above his own rising smell. Los seres humanos aman el perfume de sus propios excrementos pero no el olor de los ajenos. En el fondo, forman parte de nuestro cuerpo.

       

      Estaba experimentando una satisfacción antigua. El movimiento tranquilo del esfínter, entre toda esa vegetación, me despertaba confusas experiencias previas. O es un instinto de la especie. Yo tengo tan poco de lo que es individual, y tanto de lo que es específico (tengo una memoria de humanidad, no de persona) que quizá estaba disfrutando sencillamente de un placer ya experimentado por el hombre de Neanderthal. Que debía de tener menos memoria que yo, no sabía ni siquiera quién era Napoleón.

      Cuando acabé, se me ocurrió que debía limpiarme con hojas, debía de ser un automatismo, porque desde luego no lo había aprendido en ninguna enciclopedia. Tenía conmigo el periódico, arranqué la página de los programas de la televisión (al fin y al cabo, en Solara no hay tele).Me levanté y miré mis heces. Una hermosa arquitectura de caracola, todavía humeante. Borromini. Debía de tener bien el intestino, porque ya se sabe que hay que preocuparse sólo si las heces son demasiado blandas o incluso líquidas.

      Veía por primera vez mi caca (en la ciudad te sientas en la taza y luego tiras enseguida al agua sin mirar). Ya la estaba llamando caca, como creo que hace la gente. La caca es lo más personal y reservado que tenemos. El resto pueden conocerlo todos, la expresión de tu cara, tu mirada, tus gestos. También tu cuerpo desnudo, en la playa, en el médico, mientras haces el amor. Incluso tus pensamientos, porque sueles expresarlos, o te los adivinan los demás por cómo miras o por lo apurado que te muestras. Claro, habrá también pensamientos secretos […], pero en general también los pensamientos se manifiestan.

      En cambio, la caca no. Exceptuando un período brevísimo de tu vida, cuando tu madre te cambia los pañales, después es sólo tuya. Y como mi caca de ese momento no debía de ser distinta de las que había producido en el curso de mi vida pasada, entonces, en ese instante me estaba reencontrando con el yo de los tiempo olvidados, y probaba la primera experiencia capaz de enlazarse con un sinnúmero de otras experiencias previas, incluso las infantiles cuando hacía mis necesidades en las viñas.

       

      Quizá, si miraba bien a mi alrededor, encontraría todavía los restos de la caca que había hecho entonces y, si triangulaba de forma adecuada, el tesoro de Clarabella.


      Pero ahí me paraba. La caca todavía no era mi infusión de tila; habría sido curioso, ¿cómo podía pretender llevar a cabo mi recherche con el esfínter? Para recobrar el tiempo perdido no se requiere de diarrea sino asma. El asma es pneumática, es soplo (aunque trabajoso) del espíritu: es para los ricos que pueden permitirse habitaciones tapizadas de corcho. Los pobres, en los campos, no hacen de alma, sino de vientre.

      Aún así, no me sentía desheredado sino contento, quiero decir verdaderamente contento, de una manera que nunca había experimentado tras el despertar. Los caminos del Señor son infinitos, me dije, pasan también por el agujero del culo.

      De nuevo…

      Al final se podría decir que es cuestión del tiempo, de la consumación de la propia conmiseración, y de la falta de retribuciones específicas. Simplemente decir que el mundo no está diseñado para deseares un tanto más profundos, visiones más sencillas y espíritus un tanto más estrambóticos. ¿Qué tanto es tantito si se llama la libertad? Mucho se habla de los moldes, las corbatas obligadas, de los defectos que se generan en el mundo adulto, y de las desgracias que acometen a los infantes. Al final lo que falla es el punto de vista que se esconde por temer las mismas críticas y que poco a poco se va escondiendo con tal de evitar dar explicaciones o que sea etiquetado como un perdedor más. Está de moda ser melancólico, tener más problemas, aflorar los traumas de la infancia, y achacar todos las recientes situaciones desfaborables a la constancia de recalcar los errores del pasado, las malas experiencias, y sobre todo aquellas que te quedaron “profundamente grabadas.” Será verdad que no olvidamos nada, y que se trata de una cinta rebobinable. Mirar, darse la vuelta, revivir, añorar, huir, volver a temblar, para al final exacerbarse en el mismo tufo de siempre.

      Hace tiempo que pareciera que se van desencajando los engranajes. Es como si la misma conciencia estuviera dispuesta a escapar de las mismas telarañas que se repiten con cada una de las situaciones. Encajarse en las mismas reverberaciones y escupir las mismas conclusiones. Al final todos estamos hechos para vivir en este mundo, pero pareciera que creamos y creemos en la esférica posibilidad que ha sido creada, y nos desligamos de las posibilidades del otro lado del espejo. Alicia no estaba tan enferma, ni tan fumada, ni tan nada. Al final sólo vivía en el mundo que ella había creado para ella. Lewis Carrol nos dió una probadita, sencilla, y dejamos las condiciones a la mente de los niños que aún creen en los cuentos de hadas y donde todas las posibilidades aún habitan. Pero qué niños ni qué niños. Al final el mensaje debería ampliarse un poco. Detenerse a obligarse a portar el saco y la corbata, la falda y los tacones, para reproducir el mismo impulso de ira y de desdicha donde la estampa repetida, como la posibilidad del nuevo arte en tu propia casa, te convierte en la imagen y semejanza de la creación de alguien, que no conoces, en quién no crees, y a quien nunca ha visto con esa mirada aspiracional. Quizá la huida no sea desmoralizante, sino la simple respuesta a la misma petición, un cambio para algo que nunca será porque una vez fuera se añora lo que estasba dentro y se regresa en diferentes condiciones.

      Quizá la frustración se convierte en el arma mortal de su propia mano, pero depende del que se decide a ponerse otros lentes de contacto, unas gafas de otro tono, otro color, otra graduación, y echar un vistazo. hay tantos mundos ahí a fuera confluyendo que creemos que le nuestro es sólo una vaga fantasía. Darme una vuelta, ver los demás, y finalmente quedarme en el común de todos, aquél que los envuelve y les da la oportunidad de expresarse pero no de comerse unos a otros. Que lo grande se come a lo pequeño, pero siempre y cuando lo pequeño lo permita…

      Se me acaban las palabras para repetir la misma historia de todos los días…
      Alguien terminará quizá por hartarse de lo mismo. tantos caminos…