De nuevo…

Al final se podría decir que es cuestión del tiempo, de la consumación de la propia conmiseración, y de la falta de retribuciones específicas. Simplemente decir que el mundo no está diseñado para deseares un tanto más profundos, visiones más sencillas y espíritus un tanto más estrambóticos. ¿Qué tanto es tantito si se llama la libertad? Mucho se habla de los moldes, las corbatas obligadas, de los defectos que se generan en el mundo adulto, y de las desgracias que acometen a los infantes. Al final lo que falla es el punto de vista que se esconde por temer las mismas críticas y que poco a poco se va escondiendo con tal de evitar dar explicaciones o que sea etiquetado como un perdedor más. Está de moda ser melancólico, tener más problemas, aflorar los traumas de la infancia, y achacar todos las recientes situaciones desfaborables a la constancia de recalcar los errores del pasado, las malas experiencias, y sobre todo aquellas que te quedaron “profundamente grabadas.” Será verdad que no olvidamos nada, y que se trata de una cinta rebobinable. Mirar, darse la vuelta, revivir, añorar, huir, volver a temblar, para al final exacerbarse en el mismo tufo de siempre.

Hace tiempo que pareciera que se van desencajando los engranajes. Es como si la misma conciencia estuviera dispuesta a escapar de las mismas telarañas que se repiten con cada una de las situaciones. Encajarse en las mismas reverberaciones y escupir las mismas conclusiones. Al final todos estamos hechos para vivir en este mundo, pero pareciera que creamos y creemos en la esférica posibilidad que ha sido creada, y nos desligamos de las posibilidades del otro lado del espejo. Alicia no estaba tan enferma, ni tan fumada, ni tan nada. Al final sólo vivía en el mundo que ella había creado para ella. Lewis Carrol nos dió una probadita, sencilla, y dejamos las condiciones a la mente de los niños que aún creen en los cuentos de hadas y donde todas las posibilidades aún habitan. Pero qué niños ni qué niños. Al final el mensaje debería ampliarse un poco. Detenerse a obligarse a portar el saco y la corbata, la falda y los tacones, para reproducir el mismo impulso de ira y de desdicha donde la estampa repetida, como la posibilidad del nuevo arte en tu propia casa, te convierte en la imagen y semejanza de la creación de alguien, que no conoces, en quién no crees, y a quien nunca ha visto con esa mirada aspiracional. Quizá la huida no sea desmoralizante, sino la simple respuesta a la misma petición, un cambio para algo que nunca será porque una vez fuera se añora lo que estasba dentro y se regresa en diferentes condiciones.

Quizá la frustración se convierte en el arma mortal de su propia mano, pero depende del que se decide a ponerse otros lentes de contacto, unas gafas de otro tono, otro color, otra graduación, y echar un vistazo. hay tantos mundos ahí a fuera confluyendo que creemos que le nuestro es sólo una vaga fantasía. Darme una vuelta, ver los demás, y finalmente quedarme en el común de todos, aquél que los envuelve y les da la oportunidad de expresarse pero no de comerse unos a otros. Que lo grande se come a lo pequeño, pero siempre y cuando lo pequeño lo permita…

Se me acaban las palabras para repetir la misma historia de todos los días…
Alguien terminará quizá por hartarse de lo mismo. tantos caminos…

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