Rabbit, Rabbit

Son curiosas las cosas que uno recuerda. Muchas de las cosas que hacemos, en automático, nos las enseñaron, las copiamos, o simplemente las hacemos por iniciativa propia. A mí me paso, y cada primero de mes repito mi pequeño mantra para “la buena suerte” y cada que lo hago me acuerdo…

Yo tuve una maestre, Mrs. Viksny, que se presentó el primer día como una verdadera bruja, con poderes de todo tipo. Nos enseñó fantasmas rojos, nos amenazó diciendo que tenía un látigo guardado en el armario del salón para cuando nos portáramos mal, y de verdad, físicamente, podías convencerte de que era una bruja (no es que fuera fea, o con nariz grande y puntiaguda y un lunar horrible. Pero te convencías, y tenía un nombre… Viksny…) Me acuerdo que hicimos obras de teatro en su clase, tres me parece, de un trío de brujas que llegaban a la Ciudad de México, y cada vez que alguien pronunciaba la palabra “Chapultepec” pensaban que había estornudado y procedían a decir “Bless you”… Sí, yo también actué en esas pequeñas obras. Sólo recuerdo dos de mis papeles. En uno fui el gato negro de la bruja, y en la otra fui una de las tres brujas (no wonder!). Aún tengo, en algún lugar, los guiones y por supuesto fotografías…

Esos recuerdos vale la pena guardarlos. No sólo por ser nostálgicos, sino porque te recuerdan por qué hay detalles de tu persona tan peculiares (quizá entiendan mucho con esto). Yo adoré a mi maestra, que además era de Latvia (sí, ese país sí existe, ex URSS) y lo único que aprendí a decir fue
SVEIKS, que quería decir hola y adiós (como el ciao de los italianos).

El caso es que el primer día de clases era, por suerte, primero de mes (septiembre si no me equivoco). Nos tenía a todos sentados en el suelo impresionados, porque teníamos una maestra que era una auténtica bruja y por alguna extraña razón no teníamos miedo de ella (a decir verdad yo la quise mucho, y la verdad es que quizá por ello la recuerdo tanto), y nos dijo que todavía era lo suficientemente temprano como para poder decir “Rabbit, rabbit” y tener buena suerte durante todo el mes. Curioso. No recuerdo que lo haya vuelto a hacer ningún otro primero de mes (era nuestra labor acordarnos en el momento de despertar, que si el “hechizo” perdía fuerza).

¡¡De todo esto ya tiene algo más de 16 años!! Cada mañana, cuando comienza un nuevo mes, me despierto y me repito las mismas palabras… No sé si sea de verdad, pero es una costumbre, que más que prometerme lo que se supone que logra, me transporta a la misma indulgencia, ingenuidad, y tremenda niñez… Así que si no me trae buena suerte, al menos le sigo encontrando interminables sorpresas a la vida.


Así que…

¡¡Rabbit, rabbit!!”

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