El libro que no es

Lamentenen un poco que una profunda indignación se haya apoderado de mí, pero no me culpen por compartir mi berrinche (poco me falta para patalear). No puedo dejar de lado mi necesidad de atención. Yo soy inocente, lo juro. Quizá eso de no confiar en la gente no haya sido tan mala opción, y lo he cumplido; pero nunca, hasta hoy, me preocupó mi ciega confianza en los libros. Hay quien asegura que los libros no se juzgan por su portada, pero nadie habló de confianza. Y es que las historias son reales, sólo que no esperas que te sucedan a tí.

Aún no soy lo que se dice una compradora compulsiva de libros, quizá porque la economía y la falta de trabajo no son una buena combinación. A pesar de ello logré escaparme seis días a Chicago, disfrutar de Lollapalooza (¡¡Iggy!!), y en el tiempo libre que quedó (sumado al dolor de pies, las desgracias del sol, la falta de voz y de cerveza), tomarme el tiempo de recorrer, gracias a un buen conocido, un puñito de las librerías y así llenar la maleta de libros, en lugar de regales y souvenirs (Soy egoísta, si quieren algo de Chicago, pueden ir a darse una vuelta, que no a todos nos gusta lo mismo).

Cuando entras a una librería, con presupuesto y con problemas para elegir cuál de todos no compras, llevas una mano ocupada con el peso de las letras, mientras con la otra activas un mecanismo de selección al tacto, aunque en ocasiones te gana la vista. Los libros no están envueltos con plástico, pero sólo tienes una mano disponible, y no te puedes dar el lujo de dañar un libro nuevo al abrirlo y dejar que la gravedad lo estire demasiado, así que tienes que confiar en que lo que estás viendo es lo que estás comprando. En este caso elegí la primera novela de F. Scott Fitzgerald, This Side of Paradise. Un tesoro propio.

Un mes después le llega la hora y ves el libro por fuera, lees la portada, la contraportada. Lo abres y entonces… Me acordé de Italo Calvino… quizá su novela interminable tenía un ápice de realidad… Te encuentras con otra novela. Se trata de la historia de una joven y novata actriz americana de viaje con su madre por Francia, mientras termina por curar una neumonía, mientras se enamora de un hombre casado y su madre le da el visto bueno para que lo conquiste, en lugar de ser la novela de un chico recién ingresado a la universidad de Princeton y su madre… Te consuelas sabiendo que esta novela, Tender is The Night, es del mismo autor que se sugiere en la portada, pero no se trata de lo que querías.

Todos los libros imprimen en algún lugar su fecha de publicación, menos éste, claro está, y aunque te comunicas con la editorial en cuestión para comentarles tu indignación, te contestan que ninguna de las dos novelas está en su catálogo en el momento, y si estoy segura de que se trata de su editorial (si no estuviera impresa en el lomo de libro, y en sus páginas interiores dudaría de mí misma)… total que ni una ni otra novela… La segunda la leeré, finalmente es el mismo autor, pero, ¿¿y la primera?? Así que si alguien gusta ya saben qué libro me hace falta para calmar mis ansias (en inglés por favor)… Es Fitzgerald…

Fitz

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