Cagada sonrisa

Las sonrisas son esas muecas que tornan los labios contra la gravedad, y en ocasiones dejan ver unas filas de dientes… Es curioso que mostrar así los dientes en el reino animal (porque así lo llamamos, coronando al león, y por algún motivo olvidamos que, nos guste o no, también somos plebeyos) sea signo de agresión, lucha, destreza y supervivencia… Claro, se supone que somos los únicos animales que poseen las fisonomía muscular para poder sonreír…

Soy una amante de los puntos suspensivos (…) y pronto jugaré a escribirlos en un cartel y utilizarlos en lugar de las sonrisas tan fuera de lugar… Y es que eso de sonreírle a un extraño abre puertas, en ocasiones, pero yo es que no entiendo algunas ocasiones. Con eso de que en cada momento me busca la excusa para encontrar un tema, debo reconocer que los baños públicos son excelentes para ello. No excluyo a los baños privados, pero son diferentes historias…

El intercambio de esa mueca antigravedad también se da en el baño, y no porque reconozcas a alguien, por mera cordialidad o porque algo te cause gracia, sino por uan vergüenza de desechos deshechos.

Entras al baño para darte cuenta de que hay una persona esperando ya. Te sonríe como si el compartir la espera y la vejiga impaciente fuera un secreto. Se abre un cubículo y tu acompañante te sonríe, como para desearte buena suerte en tu apretón de piernas mientras presume del privilegio de la liberación. En un tiempo que parece una eternidad desearías no haber esperado tanto en la mesa del rincón para que alguien terminara de matar un chiste por ir al baño. Disimulas tu vanidad para con el espejo, no vaya a ser que mientras rectificas el estado de tus nalgas alguien entre al baño, o salga del cubículo, y te descubra…

Por fin, se abre otro cubículo, una chica sale, bueno como que primero se asoma y te descubre expectante. Te sonríe… Esa sonrisa como de complicidad, porque ahora tendrán algo en común: utilizar el mismo baño… Pero también es una sonrisa de vergüenza, porque tú sabes lo que hizo ahí dentro y ella lo que tú harás… Quizá le pase por la cabeza un deseo de no haber dejado rastro de sus “vergüenzas” y ser tan obvia. Luego baja la mirada y te cede el paso. Te sonríe como para desearte buena suerte mientras azotas la puerta con una mueca de sonrisa. Es tu turno. (Milagro…) y te vale madres lo que piense ella, o la que seguirá. Terminas y entonces recuerdas las sonrisas tan falsas que discurren entre el papel de baño y el jabón. Sí, quizá el espejo sea el ente más sincero de ese baño… Lo miras de reojo… Te vas, sonriendo para tí, descansada…

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