Nadie es profeta en su tierra (y IV)

Ya para terminar, que hay muchas cosas en el tintero luchando por su lugar, y antes de que esto se convierta en una guía de turistas, que para eso ya hay cantidad de sitios y publicaciones, pero me hace falta sacarlo del sistema. Como último repaso de mis semanas de turista en casa puedo decir que:

Xochimilco no puede fallar en la vuelta, yo es que no había ido (aunque no me crean la mitad de ustedes), y no fui en plan de amigos, borrachera, sino familiar (hmmm), vale la pena, aunque le quieran ver la cara de turista a uno, ver que en los canales haya más tráfico y choques que en las calles, ser testigo de las “turboquekas” y las micheladas de caguama, y la policía acuática. Six Flags (ex-Reino Aventura) quizá un lugar no digno de ser llamado turístico, pues es sólo un parque de diversiones (¿sólo?), aunque para mí todo un viaje al pasado, un mareo chueco y una empapada gélida; para todos los que adoptamos a Keiko y le dimos de comer, le tocamos la lengua, o lo tocamos, el Mundo Marino ya no tiene atractivo. Papalote (Museo del Niño) Donde tocas, juegas y aprendes (dizque), y más tocas cuando juegas a ser ciego, y aprendes cuando te dedicas a divertirte. Eso sí el Domo digital aunque es como un gran planteario, aunque no se le compara, porque nunca verás, y es en serio, el cielo con los mismos ojos. El sistema de audio y video aún me deja con el ojo medio cuadrado, además de nada caro y digno de no ser pasado por alto. Las noches de jazz, en el Paplote no son tan recomendables (gusto personal), y el pueblo maya, pues… Comida definitivamente, al turista lo llevas a donde a tí te gusta: si son los tacos de a peso, las garnachas de la esquina, la barbacha de los domingos, o los tacos del VillaMelón… Pero los de la calle… Eso del “gourmet” está increíble, delicioso y recomendable, pero no es la experiencia digo yo. Eso sí, No olvidar NUNCA, no importa a dónde vayas y a qué hora: bloqueador solar (ojo, dije bloqueador, no protector), sombrero o gorro o tapa cabeza, gafas de sol, tenis o sandalias (por aquello de que en las sandalias no se estanca el agua), un suéter o sweater o jersey o chamarra o sudadera, y paraguas, porque en esta ciudad todo, pero en serio todo, lo que puede pasar pasa.

Y bueno, a lo que iba desde un principio, nadie es profeta en su tierra, pero más nos vale presumirnos como austeros conocedores que como valientes desconocidos. Tanto orgullo, tanto orgullo, y al final sólo hablamos de nuestro tráfico (como si fuera sólo nuestro), nuestras manifestaciones, regentes políticos y secuaces, y una comida que en esencia no se conoce en restaurantes de dedo meñique. De vez en cuando vale la pena dejar el i-Pod a un lado y escuchar lo que las calles de una ciudad tienen que contar, y girando un poco la cabeza y enfocando la mirada quizá encontremos nuestro huequito, o hasta nuestro Gemütlichkeit, y podamos presumir de lo nuestro. Yo claro, hablo de mi orgullo Chilango (iñor) y a pesar de mucho, y tan poco, amo esta ciudad con toda su gama de personajes e historias. Es una obra de arte…

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