Humanizando leyendas

Hay algo de intimidatorio en un diario, sobre todo en un ajeno más allá de la curiosidad  y la gula, se trata de una autobiografía íntima que entre sus pausas devela una historia en la que el personaje principal puede llegar a convertirse en una sombra que se recuerda de vez en cuando. No es que haya leído muchos diarios (ni siquiera releo muy a fondo los míos), pero llega a ser incómodo. El primero que leí fue el Diario de Ana Frank, más por su valor histórico que por entender algo más allá sobre las acciones de Ana Frank. El segundo, y quizá el último, fue un período de seis años de los diarios de Virginia Woolf (1925-1930). Ella vivió cerca de 60 años, y una décima parte de su vida quizá no sea suficiente para desentrañar el hilo y aguja de su tan mencionada obra literaria, pero sí un poco de su persona. A menudo se nos dice que es indispensable conocer la biografía de un autor para conocer en realidad su obra, pero en el caso de Virginia, la verdad es que no estoy del todo convencida. Muy en el fondo me sentí invadiendo una vida, una serie de cuadernos en los que ella se propuso escribir sus sentimientos y experiencias, y que quedaron en manos de su esposo Leonard, quien decidió publicarlos tras el suicidio de ella. Reconozco que en este período Woolf alcanzó un renombre en el mundo literario, además de estabilidad económica, además de la creación de obras como “Al Faro” y “Las Olas”… pero no…

vw.jpegNo todo es tan malo, finalmente al leer un diario, la persona se humaniza, ya sea que le quieras o no para cuando termines, porque no se trata de su humanidad o crueldad, sino simplemente de su condición humana. En el caso de Virginia, se pueden sentir sus aflicciones, torpezas, anhelos y refelxiones, además de quejas y sutilezas. Finalmente detrás de la gran figura, detrás del gran nombre y de su comentada inteligencia, no se pueden dejar de lado sus sentimientos de superioridad intelectual ante otros, ni el que concierne a su status social, más de familia que de dinero, porque sí hay comentarios discriminatorios. Si, definitivamente termina por ser un ser humano, común y corriente, lo cual no es malo porque nos da un poco de esperanza a otros tan comunes y corrientes que hasta nos tachan de raros.

No considero su diario una obra literaria, aunque vale la pena rescatar sus descripciones de personas, lugares y época del año, además de algunas frases como:

“La única experiencia que nunca describiré [la Muerte]”
“El valor de la sociedad es que te desaira”
“Pero es curioso, estas comparaciones que se producen mientras uno lee una biografía, yo no dejaba de pensar que muy poco bueno se podría decir de mí.”

Probablemente me desmotivó tanto el leer un diario que no vuelva  a leer uno, al menos no con un prejuicio tan marcado. Se dice que los buenos escritores han tenido vidas dramáticas, y que es gracias a ello que logran escribir lo que escriben, pero en la vida de Virginia Woolf el dramatismo es quizá la pugna de sus amores y sus peleas con la sirvienta, pero no así tan dramático. No pretendo cometer la imprudencia de decir que conozco toda su obra y toda su vida, y my probablemente algún conocedor y amante de la vida y obra de VW se ofenda, pero sin ánimos de provocar tal sensación, me atrevo a decir que no me gustaría pensar que el momento más dramático de la vida de VW haya sido su muerte, más por lo teatral y hasta poético de los detalles, que por el hecho de que haya sido un suicidio…

 

Un comentario en “Humanizando leyendas

  1. Creo que cuando escribes algo, especialmente cuando se trata de un escritor (como es el caso de Woolf), existe la distante posibilidad de que un texto “privado” no lo sea tanto. Siempre hay alguien que encontrará ese diario y creo que sería un poco ingenuo pensar que una persona que dedicó su vida a esto de las letras estaba verdaderamente convencida de que nadie leería esas palabras jamás. En esos diarios no puedes tener la conveniente capa de la ficción de tu lado, y supongo que sería muchísimo más sencillo escudarse bajo su obra literaria y dejar que sus demonios corrieran libres ahí, y no en un diario personal. Es extraño, pero a veces pienso que un diario es una obra de ficción construida muchísimo más meticulosamente que un cuento al que le pegamos la etiqueta de “esto nunca pasó.” En fin, estoy divagando. Mi punto es que no creo que el drama de Woolf se pueda reducir ni a discusiones insensatas ni al desafío de amores que eran así, en parte, por una bipolaridad de la que sólo entendían los extremos emocionales y las piedras que la hundieron al fondo de un río.

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