Por ser compradores

No soy quien para emitir un juicio sobre el suicidio, porque sería como hablar de la vida después de la muerte si no lo he experimentado (o, para quien cree en la reencarnación, no lo recuerdo), porque finalmente no se trata de un debate sobre valor o cobardía, derecho o negación, sino sólo de un hecho que ahora nos lleva a decidir quién tiene el derecho de conseguirlo de una manera más elitista, “in” y, sobre todo “humana”.  Me disculparía por tomar el tema con tanto sarcasmo, pero no lo haré, porque le restaría seriedad. Todo esto viene al caso porque un alemán acaba de anunciar su más novedoso invento, una máquina para suicidarte, la cual no es más que una inyección letal de cloruro de potasio acompasada con anestesia. Total, que por hacer cada vez esta sociedad menos dolida y subordinada a la fatalidad o dramatismo que han acompañado al hecho de decidir quitarse uno la propia vida, nos damos el lujo de poder comprar el remedio para asegurarnos un resultado óptimo y evitarnos tener que recurrir a reclamar la garantía especificada en las instrucciones. El debate se ha abierto alrededor de quién debería de tener acceso a dicho aparato, más por tratarse de un debate moral que por una realidad escondida, y a la vez tan a la vista que nos molesta. Podría hablar del resonado egoísmo del que acusan a los suicidas, pero me gusta más hablar del egoísmo de los que nos quedamos, a quienes siempre nos molesta que alguien haga algo por decisión propia, no nos gustan las ausencias, y siempre tenemos que encontrar a quién culpar por lo que sea. Sin embargo, esto viene siendo más una cuestión de dinero. Nunca hemos soportad, como sociedad con dinero, la realidad de que es sólo la muerte la que no discrimina a nadie, y por eso hemos vuelto “elitista” la muerte, y para ello basta ver no sólo las criptas y lápidas de un cementerio, sino los ataúdes, los velatorios, y las carrozas fúnebres. Ahora, pareciera que sólo quien tiene el dinero y el poder puede darse el lujo de una muerte elitista, libre de dolor y dramatismo, con plena seguridad de que no habrá errores, y de haberlos, quedará especificada la demanda millonaria por haberles vendido una máquina para terminar con la vida que no sólo no funciona, sino que además les hará ganar más dinero después de pasar por el departamento de servicio al cliente. No sé si yo sería partidaria de adquirir una de estas maquinitas, ya fuera por eutanasia o por decisión sana (que, viéndolo bien, pareciera que ambas son lo mismo, sólo que en una estás enfermo y te lo permiten, y en la otra en ocasiones estás enfermo y sólo te lo permites tú). Lo que sí sé es que no deja de llamarme la atención cómo es que a alguien se le ocurrió pensar en los suicidas como todo un mercado. Es decir, falta que en televisión se anuncie dicho aparato, y si convencen a gente de que compre productos para adelgazar, aunque no funcionen, quizá haya quien se deje convencer de que es una buena opción tener la maquinita por si las moscas. Quizá incluso se vuelva una forma más barata de llevar a cabo la pena de muerte en países como Estados Unidos, que usando la inyección letal, quizá puedan recurrir a un aparato, alimentar la globalización, y hacer menos espectáculo, además de conseguirse un patrocinador para dicho evento. Quizá esta maraña pseudo-literaria que me corre por la cabeza me ponga en contra de la “máquina del suicidio” porque le resta dramatismo, decisión y autodeterminación, porque desde mi punto de vista el suicidio no es la salida fácil, y si alguien lo ve así y pretende huir, entonces no debería de serle sencillo. Sólo por eso…  La “máquina del suicidio” se hizo con el propósito de darle la opción a los enfermos terminales de terminar con su vida pacificamente, pero en los países donde la eutanasia aún no es aceptada, es lo mismo, porque quien le consigue la máquina será en su momento el conspirador, y el enfermo el asesino… Y de vuelta a lo mismo, que al final no nos dejan hacer lo que se nos de la gana con nuestra vida, pero sí podemos comprar lo que se nos de la gana, aún cuando no lo podamos utilizar…

girasoldemente@yahoo.com.mx

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