Batallas sin Historia

http://www.flickr.com/photos/marcoescobedo/2361981880/
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Parece una ley esa de leer siempre los dos lados de las historia cuando se trata de una batalla, porque al final la Historia es de los vencedores y de los vencidos queda el arte póstumo que se recuerda con sobriedad y estoicismo. “Pobres incivilizados”. Esa Historia tan florida que por sí misma se va justificando, o como los romanos que después de conquistar a los griegos insistieron hasta en encontrar vínculos en su mitología (creando el mito de Virgilio en busca de ancestros legendarios que los unieran) para justificarse ante la misma Historia que ellos escribieron. Pero eso sí, nadie te cuenta de esas batallas que carecen de preliminares, justificaciones, armas ni ganadores. Esas batallas que resultan interminables cuando te cuesta ponerles un sabor para describir y entender el sentimiento que se alberga tras el inevitable paso del tiempo. Humanos al fin de cuentas, quizá como los describe Guillermo del Toro con un hueco en el corazón que los hace siempre querer más y quienes justifican sus acciones con el olvido. Quizá esa sea la verdadera condena de la que tanto insitió Sartre, no tanto el hecho de tener que vivir y con ese “regalo” estar obligado a ser consecuente sin haberlo pedido, sino de que además nuestra “naturaleza” nos destrona incluso de aquellos ápices que nunca hemos alcanzado. Nos justificamos para destronarnos, esperando que en 100 años alguien encuentre algún artista que nos pueda explicar qué fue lo que pasó y nos perdone la culpa.

Encontrar a una persona, cualquier persona, implica hasta cierto punto ceder en tus propios significados para no permanecer aislados, y son tantas esas personas cualquiera, y tanto comprometerse, que terminas viéndote como un pedacito de todos los que una vez creíste haber sido. No es tanto un problema, porque aún guardas el recuerdo, pero no hay justicia poética para el que decide regresar a armar esas piezas y exigir ante las mismas personas un nuevo trato. Es cuando se libran batallas que parecen sin sentido, porque exiges un derecho que nunca habías exigido antes, decides no martirizarte mientras lo haces y corres el riesgo de perder todo aquello que tanto miedo tienes de perder.

Yo no sé, pero esa condena de pensar tu presente y luchar batallas que a otros les son inapetentes para terminar engullendo tú sólo el trago ácido de lo que una vez imaginaste dulce no resulta del todo alentadora, al menos a corto plazo, y el mundo te juzga por querer algo a largo plazo, cuando lenta y suntuosamente te vas vendiendo por no atreverte. Esas otras batallas, las internas, en las que debates por el simple hecho de renunciar a todo por atreverte aunque sean tres minutos de felicidad y luego empezar de nuevo, son mutiladas por la moral y las buenas costumbres de una sociedad que vanagloria al mediocre pisotón del cruel sobre el noble.

¡Quién me diera un poco de pan para acompañar este bocado, que de la ya librada batalla resulta un resto insípido e incoloro! Si tan sólo hubiera manera de expiar las culpas, de saborear lo que no se entiende y de mortificarse sin tener que pedir que otros hagan lo que tú no vas hacer nunca. Pero hasta ahora no he tomado en cuenta al orgullo, que con tal de no disentir o provocar un alargado debate para redactar un contrato que termina olvidado en un capítulo no leído, se dispone a actuar un par de días y luego se va olvidando. NO la gente no cambia, y tampoco la naturaleza humana, al parecer.

Entonces ¿por qué sigo teniendo fe en la humanidad? Es probable que es sólo por el hecho de no perder fe en uno mismo, porque entonces carecería de sentido, o eso creo, porque no me puedo bajar del mundo para tomar un respiro y verlo desde fuera, SIempre estás en medio de esas batallas y parece que mucha gente prefiere darlas por hecho, por capítulos olvidados a entregarse a promulgar un resultado que favorezca por lo menos a la propia conciencia. Y, mientras balbuceo sin sentido, sigo pensando en qué dirán aquellos que lo lean y se identifiquen para luego restregarme alguna historia, o lanzarme preguntas por todas aquellas cosas que no me he atrevido a defender porque no han salido a colación, o por el simple hecho de evitar un rechazo inminente.

girasoldemente@yahoo.com.mx

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