No sé qué quiero, pero sé lo que no quiero…

Me atrevo a citar a tantos que así lo dijeron, como a quienes con algo de valor lo clamaron a los cuatro vientos. Entre la infinidad de posibilidades, al menos poder elegir cuál es la piedra que no te gusta, cuál es el color que definitivamente no te quieres ver puesto, cuál es el aroma que te marea… Hay una gracia en el intentar, en el probar, en el aventarse la diferencia, quizá por la misma necedad que presumo de no hablar sin antes haberlo experimentado, analizado o al menos entendido. Queda mucho por entender, quedan muchas personas por conocer, muchas facetas decisivas que descubrir y una individualidad que presumir. Quizá por eso es que me gusta aventarme al precipicio, darme de topes con las paredes, discutir sin llegar a una conclusión hasta el final del siguiente día, y enrredarme con la misma historia hasta verla desde los ojos hasta de los mosquitos que ni van ni vienen, sólo vuelan.

Cuando recojo una piedra del suelo y la guardo en mi bolsillo, no busco aumentarla a una colección, en ocasiones simplemente cambiarla de lugar, llevarla a un lugar donde no “pertenece” donde el paisaje no sabe qué hacer con ella, pero donde simplemente es en sí misma una piedra, sin que le afecte qué sucede después. Lo he hecho varias veces, es un placer sincero el de exponer todo el entorno a algo que no estaba ahí, que sin estorbar tampoco sobra, simplemente está ahí. Quizá el que venga detrás no la vea, no la note no la justifique, sólo la encaje como parte del todo, de la fotografía que olvidará esos pequeños detalles que a mí tanto me llaman la atención.

He calificado como tragedia el haber aceptado verme desde tantos puntos de vista, incluso desde los juicios de quienes están más cerca de mí. Quizá debiera darme más tiempo para ser en la realidad que está ahí, aquí, del otro lado de la piel, pero no puedo dejar de ser tan yo, ni de ir tomando esos pequeños pedazos para ir armando mi babalonia, que aún parece más una bodega de objetos viejos, perdidos y olvidados, que un sueño de presente. Quizá por eso llega un momento de en serio tomar el paso de no preocuparme por la reacción, juicio, simpatía, apoyo, o misericordia de los demás.  ¿Qué hay de malo en soñar despierto? Si al final no estoy aquí para darle gusto a quien se abraza a mí, sino para estar a gusto en el espacio compartido…

Es verdad que no estoy segura de qué quiero, pero me queda claro lo que no quiero, y eso pesa más que una hipótesis del hubiera, y quizá sea la promesa de un jamás que llegó ayer y que olvidé mencionar cuando me lavaba la cara del otro lado del espejo. Nadie habla de garantías, porque tampoco se piden…

Un comentario en “No sé qué quiero, pero sé lo que no quiero…

  1. You wouldn’t fit in any other skin, pooks.❤

    BTW, I don’t appreciate your silent updates, leaves too much to read and I start feeling a tad schitzo. Enough is enough.

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