También es cruel

Dentro de las habilidades que se buscan dentro de la ecuación del día a día es no caer en la potencia del tedio, en el aburrimiento o la falta de sorpresa que provoca comenzar a ser a la misma hora, caminar los mismos escalones, saludar a las mismas caras, y realizar los mismos rituales. Somos seres de repetición, al grado de que podemos espantar el sueño si olvidamos darle tres vueltas a nuestra cama, ponernos de cabeza, sacarle la lengua al espejo, y poner el cepillo de dientes de cabeza. Si en algún momento algo de esto deja de funcionar, se recomienda hacer un cambio, pero que también se convierta en ritual, y quizá comencemos a dar diez brincos sobre la cama, correr el pestillo de la puerta 4 veces, hacerte pretzel, y acostarte con los pies en la almohada. Tiene su gracia el que sean estos rituales, la gente y la manutención de la idea de que todo va hacia algún lugar cuando nos negamos en movernos de donde estamos, los que nos mantengan relativamente cuerdos y funcionales dentro de los parámetros menos estorbosos y discriminatorios.

Las personas que nos rodean suelen ser parte de este tedio, y el juego se torna escabroso cuando empiezas a percartarte de la importancia que realmente tienen para tí ciertos aspectos personales… Sobre todo cuando te das cuenta que durante mucho tiempo te ha sido más fácil ir dejando a un lado ciertos lazos afectivos, no porque ya no te sirvieran o importaran o por no quererlos, sino simplemente por no dar más de lo que ya has dado, por no abrir más las puertas de lo que ya has hecho, y por no impregnarte con olores que no estás seguro si te quedan o no. Llega un momento en que vas comparando cantidades y te preguntas si de verdad es más importante contar con estos suficientes y esporádicos, a los numerosos y siempre fieles y escandalosos. A mí no es que me disguste la gente, es que me molesta en lo que me puedo convertir con algunos, en las cosas que puedo llegar a sentir, en lo que me provocan algunos… Y es que las emociones no son siempre controlables, sobre todo cuando entra en juego la autoestima y la autovaloración, que tanto les costó alcanzar ese lugar un tanto arriba de las rodillas como para tener que volver a escarbar bajo tierra para empezar a recuperar lo que no se comieron los gusanos.

Nunca me han gustado las despedidas, y quizá por ello prefiero excusarme para ir al baño, esconderme hasta que se va el penúltimo, pretender que voy a hablar por teléfono, o simplemente dar media vuelta una calle antes y caminar en dirección opuesta. Al final resulta un escape del tedio, de la misma historia de todos los días… La cuenta llega después, cuando aún no entiendes por qué aún te toman en cuenta, te extrañan o te reciben con los brazos abiertos como si fueras lo que más esperaba alguien ver esa noche. Son sorpresas y es cuando te preguntas si ese tedio, ese juego de todos los días, no es más que un pellizco cruel que te obliga a dejarte llevar…

Me gusta reencontrarme con la gente, pero cuando tengo ganas de ello. No siempre me acuerdo de un nombre, y por eso es más fácil evitarlo, o quizá no creo que de verdad quieran siquiera compartir tres palabras conmigo, y evito cualquier opción al disgusto. Resulta al final la justificación perfecta para denigrar las posibilidades…

Existe un gusto el poder compartir pasados, experiencias y recuerdos por ahí, sentarte sabiendo que ya se sabe, y después poder incluir a alguien más a la misma experiencia, poder compartir un poco más allá… Pero para uno quedan cosas en el tintero que escuecen un poco y es cuando se da la ocasión de buscar en otro lugar, otras posibilidades y así tener la libertad de un nuevo comienzo, como si el pasado no fuera más que una brisa de ayer que no dejó más que un titular en algún periódico. Me aterra y por eso el resto del empalizado superior, estar tan a gusto y el estarme alejando sin querer hacia otros lados, como si el tedio volviera a ser cruel y dentro de un par de años, comparar el mismo gusto y caminar a otros lados… ¿Dónde se supone que está el gusto de poder tener una familia si después se le da a uno por ignorar su existencia? y es ahí donde reside este pavor, esta necesidad de entender el rompecabezas y detener la huida sin motivos…?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s