De buenas noticias

“Humankind can’t stand very much reality”

T.S. Eliot

Siempre me han interesado las frases recogidas de otros, sobre todo porque la carga de autoridad que conllevan, sòlo porque alguien los reconociò primero, posterga a muchos de reclamar ya haberlo oído antes, con otras palabras, de su abuela. Cuando abren un escrito parecen pistas para lo que vendrá, o una técnica supeditada para elevar el ego bohemio-intelectual y justificar la publicación (desde mi propio ego-punto de vista). A mí me gustan, me atraen, y no son más que el borrador inicial de un hilo de pensamiento que me provoca tener algo que decir, algo que contar; huellas de un primer paso.

Hace unos días renté y vi la llamda última película de Rambo. Me gusta la ironía que ha provocado el personaje: siempre en contra de sus superiores y de motivos de su gobierno, y tornarse en un héroe para los mismos que juran lealtada a la misma bandera. Pero, y dejando a un lado esa testaruda tangente, es quizá ésta “última” historia la más sangrienta, violenta y humana, de todas. Me atrevo a decir que parece más una llamada para una toma de conciencia tras los límites de la humanidad que somos capaces de alcanzar y que el siglo XX nos demostró. Y es que este tipo de violencia es neta y únicamente humana: sádica, extrema, egomaniaca y sobre todo cruel.

Mientras sea una película es válido verla, podrá causarnos remoridmiento o incluso orgullo, pero la aceptamos porque es una “ficción” que se le ocurrió a algún demente, inadaptado social a quien quizá sólo le hizo falta un abrazo más de su madre para ser el chico popular-exitoso ejecutivo. Cuando un noticiero de televisión, un medio impreso o las descripciones de un locutor sobrepasan el límite de lo moralmente aceptable, lo tolerable o digno para los “puros y castos” nos escandalizamos, miramos a otro lado y censuramos, incluso tachando de amarillismo porque es puro “morbo”, decimos. Sí, de los medios sólo vemos un pedacito de la realidad, un aisbo y desde un sólo punto de vista, pero en nuestro mundo y comodidad del hogar el mundo no se ve de ese color. Tan real que no nos gusta verlo, sentirlo o aceptarlo, porque nos remueve ese sentimiento de culpa, remordimiento, responsabilidad, porque lo hemos permitido como humanidad, una y otra vez, si al final no se trata de nosotros, y están tan lejos que no podemos hacer nada para cambiarlo, y mejor nos dedicamos a hablar de la magnificencia de una obra de arte.

Claro que no estoy diciendo nada nuevo, es sólo un poco también del remordimiento que existe tras esta pantalla y este teclado: de palabras no come la gente. Creo y siento que Sartre tenía razón al adjudicarnos la responsabilidad (yo sigo sin ver dónde está ese pesimismo con el que se le apunta) y George Steiner al mostrar que la cultura no evita la violencia. Pero los que lo vimos hemos de recordar que cuando cayeron las torres gemelas aquello nos parecía una escena salida de un tráiler del siguiente éxito taquillero. Definitivamente nos escudamos tras el término “morbo” para evitar ver la realidad que se nos hace demasiada para poder cerrar los ojos y dormir tranquilo (¡Cuánta gente conozco que no puede ver el noticiero por las noches porque ya no duerme…!).

¿No será que estas ficciones que vemos con algo de repulsión, y algunos con gusto, son ya demasiadas? Dicen por ahí “Cuidado con lo que deseas porque puede que lo consigas. ¿No será que al hacerlo verdaderamente estamos de alguna forma obligando a que sucedan aún con más frecuencia, o que no se frenen ni aún por las noches? ¿No será que nuestros sueños son demasiado perturbables porque no sabemos describir lo que es bueno? ¿Por qué nos aburren las buenas noticias (hay quien dice que una buena noticia no es Noticia? Es obivo que culparnos no nos ha servido de nada, ni frente al espejo. Empatar con plegarias los pecados no ha hecho que los usos de la tecnología sean menos agresivos, ni las caricaturas más banales. Quizá el malestar de la cultura sí sea toda es violencia reprimida, ese contrato social que evita que matemos a todos los que no sean de nuestro clan familiar porque nos invaden. No se vale seguirnos evadiendo diciendo que somos producto de nuestra sociedad si ni siquiera sabemos qué es lo que determina a la nuestra.

El sol no se tapa con un dedo, pero quizá sea buena idea otorgarle importancia a las cosas buenas (una vez que las definamos, al menos personalmente), y lograr que el balance del día no se supedite al enojo del tráfico o de un error; darle un poco más de importancia al hecho de que algo valió la pena en todo el día, algo, y que los sueños dormidos apunten a una posibilidad y no a una pesadilla. Sí, estaré loca porque yo también aún tengo fe en la humanidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s