Cadáver exquisito

Recortes de aquí y de allá:

Vivo el hoy con la mirada puesta en el mañana,

he puesto al descubierto mi desesperacion y la verdad me siento mejor

Cuatro pelos y 100 canas causadas por una vida que envejece

Es fácil perder la cordura

Se vuelve muy difícil hipnotizar al espejo con la misma mirada

Hace tiempo que no me hablo, me estoy enfadado

siempre tuve debilidad por los personajes fracasados

creo que yo soy un poco mas fuerte que tu

cuando pienso en lo que piensas me pongo malo

senti que una parte de mi moría

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Nocturno

Eres grande. Al menos desde aquí así lo pareces. Con un poco de suerte también te desvanecerás y con una pizca de tiempo te convertirás en algo diminuto. Es la ironía de quien se aventura en aguas saladas para después olvidar que la playa tenía arena. Mientras tanto vale la pena olvidar los planes futuros de la memoria, y con todas éstas palabras sentenciarte: grande porque no queda duda, remordimiento ni mordaza para hacerte claudicar. Es la magia del recuerdo la que transforma el orgullo y el silencio en una mueca sonriente cuando creo desviar mis creencias. Yo también soy grande, y de la misma forma seré brisa pasajera. Pero en esta guerra de orgullos prefiero jugar la carta débil. Ya será mi propia historia la que te otorgue el valor importante. Mientras tanto eres grande.

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El frío también es de plástico

El frío también es de plástico.

Arrastrando los pies la virgen vuelve a subir a su pedestal, el muñeco a la cama, el pájaro a su nido, y la pulser al joyero. Con las manos tiesas, unas arrugas hacen acopio de fuerzas para encender otra vela a la sombra de lo que fuera una oración, después casi un mantra, y finalmente en una repetición sin sentido pero colmada de hábito. Por la ventana se soma un colibrí que olvidó volar, y una ardilla que juega a ser perro. Nadie los ve cuando son lo que son, pero todos imaginan que en su diario quehacer se han vuelto felices. Es mejor no saber, es mejor permanecer fuera. La imaginación es el consuelo. Con carmín se pinta el sueño de almohada, mientras bajo el colchón se acumulan las “milagrerías”.

“Se busca testigo de vida” para acompañar la cena de tupper, que ronque poco, pero que abrace bien.

Que tanta ciencia y matemática, historia y filosofía te aten el cuello a una corbata, mientras el hambre se hace pastel.Otro tráfico y un nuevo compromiso obligado. Te esperaré para dormir mientras en televisión unos habladores se pelean a golpes a cambio de un par de gritos y flashes. Te contaré todo lo que el entrenamiento no logra hacer que entienda, pero que siento como aquel 1 del examen de lingüística. Que sea el eco de tu voz conocida el que poco a poco me arrope porque el remiendo tiene lo que queda de una sábana.

Puedes ser quien tu quieras.

Escalafón ideal, reloj de pulsera, piedras para tus adornos “joyeriles”. Todo para poder comprar todo lo que existe, sólo porque puedes. Se acumulan los objetos que dicen mil cosas, pero ninguna susurra tu aliento. Un tatuaje de moda para jugar al significado. De nuevo el entrenamiento, el stiletto para destrozar la espalda y justificar el quiropráctico mientras se firma con un seudónimo de moda.

Mañana, cuando te canses, podrás dedicar tu tiempo a ti, mientras tanto, puedes ser quien tu quieras, mientras te envuelves en papel de celofán, y te duermes acompañado de quien quizá te deje por ser quien es.

El frío también es de plástico

Escurriendo

Mira las estrellas y se confunde con ellas. Recuerda que alguna vez le regalaron una y no la reconoce. No es su brillo, ni su posición, simplemente la huida tras una confesión patilarga. Reajusta su bata con un nudo cortante. Se puede imitar un abrazo. Pensamientos cortos, respiraciones eternas y con la garganta seca extraña otra taza de café. Habrá mil fotografías, dos mil sonrisas fingidas, en la repisa y se imagina siendo el ideal de su niñez. Siempre duele notar que uno se convierte en la peor de sus pesadillas. Se secaron los ríos, y las ramas salvadoras, y solo queda ese pequeño polvo entre los pliegues de una piel que envejece antes de tiempo. Es el mismo personaje sin nombre que descubre en el espejo restos de pasta de dientes.

Se mira el ombligo, o lo que queda de ese símbolo de haber nacido. No hay ni pelusas, quizá ni recuerdos. Se pierden las caricias entre recuerdos de torturas. Son las noches más largas, los días más grises, y los garabatos se sobreponen cada vez con menos sentido…

Así son los garabatos en papel: automáticos, sin pensarse, eco de un ejercicio obligado donde sólo se respira vacío…

No son sueños…

Como en muchas historias mil veces contadas, ella también se levantó un día para olvidarse del espejo y del miedo. Descubrió una autoestima que montada sobre sus pies ahora le llegaba a las costillas y suavemente le susurraba al ombligo. Se olvidó de un complejo fantasmal cuando menos se dio cuenta y bajo el sol del atardecer se sentía princesa de uno de tantos cuentos con final inconcluso. Pero los reflejos del espejo suelen ser sinceros, o al menos más fáciles de entender. Confiables. Se olvidó del amor, de la cadencia, del cepillo y los guantes con la esperanza de entender su reflejo en unos ojos y unas palabras que no salían sin adorno de mentiras. Se busca confianza, se buscan horas, sueños nocturnos en soledades húmedas, y se ahoga el aliento con suspiros.

No son sueños rotos, ni la carencia de destinos impuestos, sino la propia imagen desorientada. Un leve temblor y cambia la perspectiva, el rumbo se torna difuso y de nuevo una nueva mañana contrae las nanas y los cuentos de hadas en un nuevo parpadeo. Clic, clac, un pestañeo, dientes limpios, un baño con prisa y la identificación ante alguien que sigue sin buscarla. Tan común como todas, y tan soñadora como tantas. Igual que un sueño, que nunca se creyó un cumplido, un deseo, pero siempre imaginó que llegaría cuando comenzara.

El tiempo se marchita y como en las leyendas tan repetidas y comunes, ella se pierde esperando sin buscar. Espuma de mar, otro inodoro activo, y un potaje de cremas que se olvidan de lo que hacían en una piel sin interés. Seguir la corriente, disfrazarse un día más, pretender que todo va bien, que todo irá bien, que todo siempre estuvo bien…

Espléndido

Con una noche blanda no se arma un ramo de margaritas. En su propio mutismo el propio girasol dejó caer el disfraz y con él una que otra pepita. Ya no había sabores, olores, colores, y el sol llevaba tiempo sin intentar asomarse a la ventana y desde la pared asomaba una vieja sonrisa que había olvidado su recuerdo…

Son sólo palabras, la lista de opciones que conforman una escena, como tantas otras, con un destino fácil de adivinar, y los motivos poco singulares. Repitiendo la historia, como tantas veces: arquetipos de héroes, mártires con causas incomprendidas, lucha social sin frutos, batallas de corazón y mariposas destiladas. Una vez más, como tantas veces que vendrán. Un pozo ante una nueva cima. Pero en esta ocasión quizá le baste una oración, una esperanza aunque venga de un hueco inapropiado.

La soledad era así, o también es así, y en la siguiente primavera quizá el gato deje de maullar, de pedir caricia y olvide ronrronear. El girasol soñará con un sol eterno, y las noches blandas serán la fantasía de otro disfraz mientras otro estómago se retuerza con antiguas orugas.

Sí, como un ensayo de cinco párrafos, atendiendo a una necesidad que, al menos, otorga un próximo objetivo. Se aburre el lector y lo espléndido se estigmatiza al pasado. La vieja historia no será nueva. Éstas palabras se tornan inútiles, y la protagonista pierde la oportunidad de ser víctima.

Silencio…

¿Volver?

Saramago observando su pensamiento desde una pared.

Recuerdos de un teléfono descompuesto.

La nota que acomoda la noche en un sólo momento.

El respiro de volver al mismo sitio y que todo sea como verlo por primera vez.

La desazón de estar viendo tu pensamiento como ese Saramago y no sabe qué hacer con ello.

 Volver al mismo sitio, con la misma gente pero en otro tiempo es como ser el observador de un extraño teatro. Estás dentro pero te sientes en tu propia burbuja. Así sin más te proporcionas un espacio sin más que tu propia luz, como si todo fuese un cuadro que está lejos, que pintaste pero que ha dejado de ser tuyo y que alguien valuó y que no tienes idea que en realidad tiene ya un precio.  Se extraño de tu propia realidad, pero no por no tener un sitio, o por no ser bienvenido, todo lo contrario.