Cadáver exquisito

Recortes de aquí y de allá:

Vivo el hoy con la mirada puesta en el mañana,

he puesto al descubierto mi desesperacion y la verdad me siento mejor

Cuatro pelos y 100 canas causadas por una vida que envejece

Es fácil perder la cordura

Se vuelve muy difícil hipnotizar al espejo con la misma mirada

Hace tiempo que no me hablo, me estoy enfadado

siempre tuve debilidad por los personajes fracasados

creo que yo soy un poco mas fuerte que tu

cuando pienso en lo que piensas me pongo malo

senti que una parte de mi moría

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Improperios

En la televisión se pelean por dinero, y tras los guantes qué no tengo peleo por ganar una batalla que no he anunciado. Me gusta que me apapachen pero nunca sé cómo pedir un abrazo. Este juego de mujer te obliga a olvidar que eres más que un pañuelo desechable. Sudas frío y te duelen los pies por el frío que no sientes, pero quisieras. Te hablas en tercera persona y te describes cómo desde el sueño de un extraño. Ahora yo, ahora tú, después seré ella y cuando no me-se doy-da cuenta ya no seré-será.
Sé pierde la perspectiva cuando el espejo enturbia el espejismo, al grado de ser demasiado sincero.
¡Ay qué tontería! Palabras más palabras menos, y el sol no tiene prisa para un domingo más, sabiendo qué pretender que será diferente, nuevo, o inolvidable es más improbable que un muerto cantando de alegría ante su tumba.
Basta de improperios, de palabras demasiado sinceras para ser creíbles, y sensaciones demasiado dormidas para tomarse en serio.
Basta.

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Eres letra pequeña

Eres letra pequeña, olvido de mayúsculas y acentos, escondite de lo que se calla y promesa de lo que se no cumple; minúsculo en un contrato sin fin y cuya firma se paga con sal. Una mirada rápida, un espacio sin llenar, como un pedazo de cuartilla desperdiciado. Una cadena, tan pequeña, que se pierde en el sueño y se obliga a deleitarse con alas de papel.

Eres letra pequeña, escondida y olvidada, cínica en su andar y de tipografía acelerada. Juego de palabras indescifrable y puñaladas suaves pero certeras. Harían falta 20 años para desalojar la duda y aclarar la voz cantante en la jugada. Tiembla la mano y se burla a la sensatez, porque tan perdida en su propia cláusula está la única razón de prenderte fuego.

Eres letra pequeña, castigo y promesa, risa burlona y promesa de escarmiento. Claudicar sería perderlo todo, saberlo todo, destinarlo todo a un pozo sin fondo. Impercetible bajo la sonrisa escondida bajo el paraguas y encumbrada bajo la tormenta. Un brillo sin piedad, y desfondo de ilusiones.

Eres letra pequeña…

Espléndido

Con una noche blanda no se arma un ramo de margaritas. En su propio mutismo el propio girasol dejó caer el disfraz y con él una que otra pepita. Ya no había sabores, olores, colores, y el sol llevaba tiempo sin intentar asomarse a la ventana y desde la pared asomaba una vieja sonrisa que había olvidado su recuerdo…

Son sólo palabras, la lista de opciones que conforman una escena, como tantas otras, con un destino fácil de adivinar, y los motivos poco singulares. Repitiendo la historia, como tantas veces: arquetipos de héroes, mártires con causas incomprendidas, lucha social sin frutos, batallas de corazón y mariposas destiladas. Una vez más, como tantas veces que vendrán. Un pozo ante una nueva cima. Pero en esta ocasión quizá le baste una oración, una esperanza aunque venga de un hueco inapropiado.

La soledad era así, o también es así, y en la siguiente primavera quizá el gato deje de maullar, de pedir caricia y olvide ronrronear. El girasol soñará con un sol eterno, y las noches blandas serán la fantasía de otro disfraz mientras otro estómago se retuerza con antiguas orugas.

Sí, como un ensayo de cinco párrafos, atendiendo a una necesidad que, al menos, otorga un próximo objetivo. Se aburre el lector y lo espléndido se estigmatiza al pasado. La vieja historia no será nueva. Éstas palabras se tornan inútiles, y la protagonista pierde la oportunidad de ser víctima.

Silencio…

¿Volver?

Saramago observando su pensamiento desde una pared.

Recuerdos de un teléfono descompuesto.

La nota que acomoda la noche en un sólo momento.

El respiro de volver al mismo sitio y que todo sea como verlo por primera vez.

La desazón de estar viendo tu pensamiento como ese Saramago y no sabe qué hacer con ello.

 Volver al mismo sitio, con la misma gente pero en otro tiempo es como ser el observador de un extraño teatro. Estás dentro pero te sientes en tu propia burbuja. Así sin más te proporcionas un espacio sin más que tu propia luz, como si todo fuese un cuadro que está lejos, que pintaste pero que ha dejado de ser tuyo y que alguien valuó y que no tienes idea que en realidad tiene ya un precio.  Se extraño de tu propia realidad, pero no por no tener un sitio, o por no ser bienvenido, todo lo contrario.

16 de febrero

Tres facturas, dos gatos y un campo yermo que aún no conozco. Dos cigarros y la pérdida de tiempo que requiere consumirlos. 10 dedos para teclear y suponer que hay algo más que una pantalla perdida en un mar de resultados en un buscador. Un pequeño desastre y con algo de suerte podré volver a decirle buenos días al portero, al señor del estanco, al argentino del café y a señora de 84 años y a su perra Lola. Si con esos pequeños aires se contase mi vida, pasaría como una brisa de verano, de esas que agradeces para descansar el brazo del abanico, pero que luego recriminas por estropearte el peinado y tan rápido como vino se fue, y quizá mañana llegue otra, quizá no.

La cabeza se aturde, quieres conseguir algo para no vaciar las arcas, y no sabes si escribir sobre al política mundial implique una pérdida de identidad… otra vez.

Esas cabezas que han sido los “viejos sabios” de tu infancia te recriminan tu falta de empuje, y el inevitable fracaso de tus decisiones más recientes… No importa cuántas sonrisas sinceras dibujes en tu rostro a lo largo de cada día. “Si eres amiga de la gente del servicio y no de la vecina millonaria”… no pues no. Si es que la señora esa no regresa nunca ni el saludo que me enseñaron que no se le niega a nadie (excepto al viejo del piso de abajo que más le vale no volver a aparecer).

Un poco aquí un poco allá, se deshojan las margaritas, regresa la primavera, y quizá el verano resulte más aletargador que una lagartija tumbada al sol. Así que con un post-it sin pegamento con un mensaje sin sentido, el bote de barniz para una pseudo mesa-baúl, libros de autoescuela, un juguete gatuno (o 10), un bolígrafo y un vaso con restos de zumo (que no jugo) de manzana se termina otro día mientras la televisión habla sin mucho sentido…

Una manzana y a dormitar.

Se escapa

Ese hombre que en un maletín carga la tierra con la que será enterrado, y aquél sauce llorón donde se columpiaba una sonrisa sonora. Tan austeras como enemigas parecen las imágenes que se acolchan en el baúl, y que tanto tiempo han llorado su libertad. Tanto así que la misma gracia de darles voz parece la misma desgracia de dejarlas exisitr más allá de una imaginación.

Así sin más se acerca otro invierno, otra excusa para resgaurdarse y perderse en una nueva lectura. Otra excusa para no dejar que esta ciudad sea algo en mí y yo en ella.