Cadáver exquisito

Recortes de aquí y de allá:

Vivo el hoy con la mirada puesta en el mañana,

he puesto al descubierto mi desesperacion y la verdad me siento mejor

Cuatro pelos y 100 canas causadas por una vida que envejece

Es fácil perder la cordura

Se vuelve muy difícil hipnotizar al espejo con la misma mirada

Hace tiempo que no me hablo, me estoy enfadado

siempre tuve debilidad por los personajes fracasados

creo que yo soy un poco mas fuerte que tu

cuando pienso en lo que piensas me pongo malo

senti que una parte de mi moría

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La del labio rojo

(escritura automática)

Le sangraba el labio. Le había dolido más el tacto del aire después de haberlo mordido para no escupir la euforia de esas palabras. Siempre le fue fácil tomar la decisión moral, hacer lo que siempre le dijeron, darse la media vuelta y morir por dentro, con esas ganas de no dejarse callar. A veces el orgullo crece tanto en el silencio, que cuando se descubre en el espejo duele, duele muchísimo.

Cállate de una vez, no vuelvas a digerir mi silencio como una victoria de tu palabrería barata. Quizá mañana, cuando quieras hablar te encuentres mudo y entonces sabrás que esta mejilla no se ofrece para recibir el segundo golpe, sólo aguarda la condena de su propia victoria para después otorgarte lo que sabe que duele más: un poco de compasión…

Pensaba sin darse cuenta que en voz alta la escuchaban el policía, la del puesto de periódicos, y sin querer aquella sombra de todos los días. Quizá había enloquecido, pero una oportunidad no se le niega a quien sangra por el labio, como se hubiese recibido un golpe, y que constantemente se golpea las sienes.

No está loca, sólo ahogada, ahogada en esa misma hipocresía de la libertad y la responsabilidad. Tan fácil ser como siempre, tan buena, tan honrosa, tan ideal… Tanta mentira. No quería ser muñeca, no quería descubrirse con los ojos inmóviles, los párpados víctimas de la horizontalidad, y los brazos incapaces de abrazar, las piernas ineptas para correr, y el pelo tan perfecto que pareciera de plástico.

Una vez más, una vez más, y sabrás, lo sabrás, que aquí no hay una vacía que te escucha como una sierva, sí, así, sin más, como lo mismo de siempre, porque ya no más, lo sabrás, y entonces ya no más…

Esconde las manos, se tapa la boca, y mientras lambe su labio prueba la sangre, tibia. Es tan suya como no, y tan propia que sabe extraña. Casi deliciosa, pero no para repetir. No es una textura, ni una temperatura que agrade a la garganta. Se sintió de nuevo como una adolescente, con tanto miedo de que le gustase lo que sabía que no le haría bien…

¡Ya no más, ya no más!

Y bebió y bebió, hasta que se bebió la vida, se coció las manos, y cuando quiso darse cuenta ya la miraban, desde la otra esquina un par de policías, sorbiendo de rojo, dando golpes a un poste y gritando al cielo.

¡Yo no fui, yo no quería, sólo quiero que esto se detenga que pare de zumbarme, detenerme, golpearme y después pisotearme porque esta moralidad no me sirve de religión!

¡Yo no fui, yo no quería!

Se va, la llevan. Será mejor que no la vean esos niños, los que vienen allá en ese camión de escuela. No queremos que los hoyos del sistema sean tan visibles, tan profético. Que no lo vean, que no se den por vencidos antes de tiempo, antes de encajar en el modelo.

Me despido de mi

En una carta sin nombre…

“Es sin ganas que te escribo, pero un reproches más sería ridículo. Has de saberlo, más vale así que en una terapia, pero no es por falta de cariño, sino porque lo que sobra es la imaginación. Mañana será temprano y seguramente madrugues acompañado, pero cuando leas lo que no te quiero escribir, volveré a estar jugando a que soy fuerte.

Hoy cuando te mirabas en mi reflejo en el espejo, eras tan tú que dejé de mirarme. Cuando mañana me veas, ya no será mañana, sino ayer, cuando para definirte sobraba yo. Pero que sepas que no es que te debieras a mi, ni que yo te cobrase la voluntad de tu respiración, sino porque el orgullo que me mantiene no te soporta sin mí. Por eso te odio. Hasta ahora creí que era yo, que era la inseguridad de la intimidad lo que te aferraba a lo único que conocías. Aquí mandaba yo incluso cuando te decía “no lo sé”. Por eso me voy, y me voy tan peinada como nunca me viste, porque sé que hoy el viento pasa de mi.

No te infles de orgullo, porque no ganaste tú, perdí yo, pero no a ti, sino a mi. Era porque tú eras de mí, para mí, para conmigo.

Estoy orgullosa de ti, de mi, porque te empujé hasta que ya no eras mi sombra. Yo, no puedo ser la tuya, no puedo ser débil para ti, no puedo saber que tiene el control, y ahora te toca a ti. Por eso me voy.

Por eso te lo digo.

Porque mereces más que una almohada fría, más que ropa en el tendedero. Pero no porque yo quiera, sino porque te perdí cuando un día te busqué para encontrarme. Eso no, no puede ser para mí.

Quiero creerte que soy tu motivo, no tu capricho, porque capricho eras tú, y motivos los costumbristas.

No digo adiós por un orgullo cínico, pero te dejo una colonia que era tu perdición, pero no quiero perder a otro, ni encontrarme así, en la colonia.

No me esperes. No me digas,  que haré lo contrario. Pero átate los cordones y deja ese pantalón que te queda grande, sacúdete las migas del bigote y esconde la cartera, que yo no seré quien te acomode el nudo de la corbata, ni te peine la ceja.

Ya me peinaré cuando el viento me arranque la peluca, y la calva al sol sea demasiado brillante. Me voy con mi intimidad a otra parte, conmigo, donde esté segura de no ser comparada, medida o juzgada. Me voy conmigo, sin ti conmigo, sin mi contigo, a otra parte.”

Long night writing by travesabarros
Long Night Writing, a photo by travesabarros on Flickr.

Eres letra pequeña

Eres letra pequeña, olvido de mayúsculas y acentos, escondite de lo que se calla y promesa de lo que se no cumple; minúsculo en un contrato sin fin y cuya firma se paga con sal. Una mirada rápida, un espacio sin llenar, como un pedazo de cuartilla desperdiciado. Una cadena, tan pequeña, que se pierde en el sueño y se obliga a deleitarse con alas de papel.

Eres letra pequeña, escondida y olvidada, cínica en su andar y de tipografía acelerada. Juego de palabras indescifrable y puñaladas suaves pero certeras. Harían falta 20 años para desalojar la duda y aclarar la voz cantante en la jugada. Tiembla la mano y se burla a la sensatez, porque tan perdida en su propia cláusula está la única razón de prenderte fuego.

Eres letra pequeña, castigo y promesa, risa burlona y promesa de escarmiento. Claudicar sería perderlo todo, saberlo todo, destinarlo todo a un pozo sin fondo. Impercetible bajo la sonrisa escondida bajo el paraguas y encumbrada bajo la tormenta. Un brillo sin piedad, y desfondo de ilusiones.

Eres letra pequeña…