Así nació Doña Manuela

Éstas son las primeras líneas de Doña Manuela, un personaje que me asaltó hace unos días ya pasadas las horas. Así nació, con éste desparpajo de palabras. Ya la iré armando, un poco más cada vez… ¿Qué diría Doña Manuela si…?

Doña Manuela tenía un sueño, uno de esos sueños con señuelo que en aguas claras no daban para llenar la olla. Era, Doña Manuela, una dulce desgraciada, de esas que presumen la desdicha disfrazándola de penitencia. Soñaba constantemente y sonreíase ante el espejo de una voluntad abandonada. Noche tras noche dejaba sonar el teléfono. Ring, ring, más ring, y con el toque de queda desenfundaba la almohada. Doña Manuela no decía que le llamaba Dios, porque había temido un infarto cada mañana. Sólo desconsolaba a la carpeta de ganchillo que almohadillaba el peso de un viejo teléfono de disco. De rodillas, Doña Manuela, rezaba para que no dejase de llamara, y no  salía de casa cuando el sol clareaba. Apoquinaba limosnas, como ciega devota, con la idea de pagar por una noche más el ring más ring, con pausa. ¡Ay Doña Manuela, debió car clases de paciencia, pero también de insistencia! Con la colcha de invierno y el camisón de verano, era Doña Manuela un deconsuelo de viuda. ¿Será él que me llama?, se repetía entre ring y ring, y se sonreía tras diez dedos. Una colegiala, Doña Manuela, tostaba el pan por la mañana recién puesto el colorete, con medias de satín y falda de seda, una quijotada entre los olores de cada naranja. ¡Esa, Doña Manuela, dicen que se llama, porque vela y vela entre rebanadas de manzana! De ring en ring encanecía Doña Manuela, hay una guerra civil y mañana una arruga nueva. De banco en banco esperaba el confesionario, y ahí solo pecaba del ring que la carcajeaba de alegría, pero nunca contestaba. ¿Era el morfeo quien llamaba? preguntábale el panadero. ¡No, sólo el sueño, erre que erre, ring que ring, y luego callaba! Menudas noches las de Doña Manuela, entre risas, camisones y llamadas. La pescadera, cada semana, inquiría por el llamante, y el frutero sólo le cobraba las manzanas. Esa Doña Manuela no sabía pescar, pero menudo señuelo de risotadas. Que si el hijo que no tuvoy la hija que no contuvo, nadie pensaba en el luto del marido que Doña Manuela blandía. ¡Pobre Doña Manuela, manolita,, manola, siempre de banco en banco, de rodilla en rodilla! Quien la viera y no la conociera juraría, como en juramento jurado, que a sufrida se le olvidaban las sonrisas. De pillina no recordaba el tiempo haber visto a Doña Manuela, sólo la noche, la cama y el ring que ring con pausa del teléfono sobre la carpeta de ganchillo. Uy que no diga el campanario, que no sepa el bidé, pero que sueñe Doña Manuela,  que a ton y a son desnuda a un afligido. Entre murmullo y grito, tropezón y escabullida, ya era Doña Manuela el fantasma del hotel. Ring ring Doña Manuela, conteste por favor que le agarra confesada el capellán del uniforme. Ring ring Doña Manuela, que vuelva por favor, ese teléfono no es suyo ni tampoco el camisón. ¡Mi Doña Manuela, ring ring, que se acaban las monedas entre disco y disco! Doña Manuela, manola, manolita, bajo la almohada la caña y bajo el colchón la manta. ¡Pillina Doña Manuela que vuelva por favor, con un poco de sal los huevos saben mejor!

Más de Doña Manuela
manolita sin joya, sin dueño

girasoldemente@yahoo.com.mx

2 comentarios en “Así nació Doña Manuela

  1. […] Entre ramo y rosa, media y falda, Doña Manuela salta, con esa sonrisa tan desinhibida, tan suya y tan inalcanzable. Ríe, canta, La Lola orgullosa de ya no ser su responsable, y el pueblo canta, grita y bebe. Esa Manuela es toda una Dulcinea y a la vez tan quijotesca que el novio se olvida entre el tumulto. Liga aguardiente y un toque de orujo, mientras Manolita sólo piensa en el par de alpargatas que vio entre sus regalos. ¡Sus alpargatas! Sin darse cuenta dejaba de ser La Manola, la Manuela, para ser Doña Manolita entre tanta caja, tanta joya tanto dueño. Ese novio, que podemos llamar Juan, Xavier, Pepe o Godofredo, orgulloso mastodonte quiere demostrar su hombría y la carga en brazos para alejarla a firmar su promesa. “Para siempre” dijo Doña Manuela, pero tanto tiempo es tan poco… Tan poco que acabando de ser cuenco de un desconocido desabrido, calzó sus alpargatas, montó su sonrisa, y se despidió carretera arriba hasta el alba de la primera ciudad que pisaba en su vida. Doña Manuela, Manolita, querida Manola, hasta siempre bienvenida a tu despedida de Manuela. ¿Qué será de ti cuando recuerdes uno de esos sueños con señuelo que en aguas claras no daban pa… […]

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