Un velo

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Un velo, como tantos otros que alumbraron, y poco a poco dejaron derretir las aspiracioness y necesidades del más atrevido de los genios, para promoverlo a valedor, y sacó al nigromante del secreto de su inutilidad, un velo que parece moribundo. pro un momento la pluma se entretiene y deja su propósito como algo helado, perdido, abandonado y olvidado. Se deshace la llama de su alumbro y se procura el descanso de un noticiero agotado de la misma humanidad. Quizá lo que se agota son los sinónimos, la prosa de todos y el invento de todos los sueños. Para cuando salga el sol la realidad dolerá lo mismo, sólo que enmascarada en el burdel de sus palabras sin pausa. Entonces el único extraño es el que aún desliza la pluma y se provoca la única rendición de cuentas.

La misma norma de hambruna que provoca el sobrepeso, es la que abre la válvula de escape para ahogar el silencio. Durante un momento la propia oscuridad parece el velo de la sensatez, y las cuatro paredes apenas logran sostener la fuerza portentosa de su cimiento. Finalmente no se trata de tener una vida dramática para conformar un éxtasis, si con una sóla vida se pueden vivar tantas, pero el problema reside en decidir cuál escoger cuando se está fuera, y hacer del resto una experiencia digna de ser contada, como un poco de todo y nada de mucho. Poco a poco se consume el tiempo y la propia comunión se desmorona con el escape de aceptar lo que no te provoca.

velo.jpgSi, quizá se trata al final de un lugar oscura y desleal del que emanan las propias fantasías que no se quieren, como las que se eluden con el insomnio. Este lugar oscuro que en realidad ya no existe, sólo el hueco que quedó y aún no se ha dado la tarea de llenarse. Eso es lo que emana, por una completa negativa a la despedida. No importa estar del otro lado del abismo cuando la costumbre era la posibilidad de no moverse, y una opción caer al fondo. Eso es lo que resuena, y quizá mañana las ramas sostengan algo más que un pasado, sino esa piel que ya no queda.

Animales divinos

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Dejó de importar si somos el sueño de un científico loco (o su pesadilla), si primero fue el huevo o la gallina, si somos creación divina o casi hermanos de los monos; al final del día no es una burbuja. Seguimos soñando durante el experimento a ojos cerrados, aún comemos omellettes y patas de pollo, y cuando nacemos somos igualmente mortales. Animales divinos. Lo que me resta me define, y cuando garabateo una servilleta, me desahogo del complejo de creer que me observa alguien la rareza, tan común que a los amigos les parece refrescante.

Hace tiempo que desmitifiqué al científico, prefiero al insomne, quizá por ser tan real como que se entretiene para no desmitificar el camino de las agujas del reloj, y someterse al mismo cataclismo lunar cada vez que las estrellas se persiguen, y tan aburrido de lo mismo, se propone ser algo más que un pasajero, quizá un creador: un científico loco, tan cuerdo que ni es científico y tan loco que no es cuerdo. Podría suponer que sus propias exigencias son premoniciones de mis pensamientos, dolores de mis soledades, y algoritmos de mi realidad. Pero él también come huevos y se burla de Darwin.

Los gallos siguen presumiendo su negocio personal cada mañana, como si con la salida del sol se anunciara su próxima promiscuidad… Perdí la cuenta hace años, pretendiendo que alguien podría hacerse pasar por uno, pero no he encontrado crestas reales, ni gallinas tan dejadotas. Que qué viene primero, si la gallina o el huevo, quizá en realidad lo primero fue el gallo, que en su propia soledad e insomnio, se descuidó. Finalmente comemos “pollo”, sólo cuando lo compras entero quizá te enteres si tenía personalidad de gallo o gallina, todo depende del número de huevos… Que también se comen. Y el científico loco, o el insomne en su locura científica, espera al canto del gallo, cuyos hijos ya se comerá en el desayuno, para dejar las suposiciones y entonces sí, dedicarse a escuchar las sandeces de sus compañeros de blanco.

Entre los monos y Adán y Eva hay la similitud de que sus creadores y quienes confían en ellos son los mismos: Nosotros, los animales divinos, que de animales no tenemos instintos, y de divinos tenemos instituciones religiosas. Adán y Eva seguro fueron insomnes (tal calidad de hijos… y manzanas… y amenazas…) y tan animales que se deshicieron de sus propios privilegios. aburridoSi eso es divino, también lo es el gallo que los presume a cada rato, y el científico que en las estrellas encuentra el consuelo de sus propias lágrimas secas. Darwin, tan observador de la naturaleza, como Eva de lo que no conocía pero que estaba ahí a la orden de su curiosidad, se autonombró primo hermano de los monos (no de todos) y quizá, con tantos viajes, comió de la misma manzana que Eva le dio a Adán y que Caín con tanto ahínco escupió a la cara de su hermano. El científico loco se ríe de ellos, mientras consigue comida China para llevar, y en el espejo reitera que no tiene cola de mono araña… Animales divinos.

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Entre mitos y leyendas

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Cuenta la leyenda que en realidad sólo se trata de una mentira para calmar los ánimos, reestablecer el orden y suponer que la esperanza puede prevalecer. La leyenda del y mito y su contraparte la culpa, porque otra leyenda provocó el desacuerdo, y como había dado frutos, entre mitos y leyendas se amalgama la lucha entre su moral y mi moral, y se desdibuja la certeza mientras se pierde poco a poco la fe. Podría darle la razón a Monterroso y volver a creer con cada deslave de montañas que hay un atisbo de fe enovado, como aplaudir para que no muera un hada, pero entonces mi moral y La moral desdeñarían haberse encontrado.

Yo he insistido que prefiero comparar las leyendas de creación de los pueblos, un entretenido pasatiempo que da qué pensar, antes de caer en la tentación de promulgar lo que no creo y, aún peor, suponer que puedo librarme de pecar por omisión al no darme la oportunidad. Pero tan peligrosos son los igos, que sus leyendas opacan la afiliación senil a una contienda de puntos de vista. Un paso hacia delante, y el estancamiento sobre el puente colgante.

Son un tanto menos peligrosas las creencias personales, en el sentido de valor prioritario y no la moralidad que juzga con mala educación. Por eso a mí me va creer en los amigos, en la risa y en la soledad, así como en la confianza, la voluntad y la vida. Dicen que lso regales no se vuelven a regalar, quizá haya una leyenda que amenace con una maldición, y como creo en ello no regreso los regalos, en lo que creo, porque al final me acompañan hasta que así sea, no así las imposiciones.

Aburrido

marinero-aburrido.jpgUno se sorprende del mismo aburrimiento. No es una situación o un tema, sólo un estado de ánimo, que así como llega se va; pero en ocasiones se planta, se acomoda y promete lo que en la práctica se olvida. No se trata de entretenerse, porque lo que pase en el mundo no cambia las cosas, y tampoco de una incansable velocidad en el pensamiento, porque se aletarga como una mala promesa del mismo silencio de un velatorio, tan plagado de murmullos que entrecortan la respiración. Sólo se trata de aburrirse. Es cuando quiero llenar lo uqe parece un cuaderno interminable y no encuentro con qué; o la búsqueda de una plática que no lleve a nada, de algo no concreto, porque el aburrimiento no lleva a nada. No es ocio, ni flojera, sólo aburrimiento. Donde los colores tampoco parecen propios y el hombre sólo un adorno que conlleva a la actividad que siempre resulta la misma.

Sálvese quien pueda.