Es una princesa

Es una princesa.

Ojos de añil, aire turquesa, nariz respingada y talle largo. De tenedor y servilleta viste el almuerzo y se destierra a una vida paralela del otro lado de su espejo. Hace de cuerpo y mientras tira de la cadena suspira un mal sabor de boca. Los sueños de almohada abandonan con el maquillaje, las ojeras se esconden por miedo. Será lo que quieren que sea.

Es una princesa en un castillo de naipes, todo suyo, sólo suyo, con ecos y rumores por miradas perdidas. Toma el té, sin sorber la sopa, y sin nunca pasarse ante su gusto por el chocolate. Un lazo, un diamante, una pantalla de cristal y una agenda de sonrisas. Lava sus manos, unta la crema, y acaricia las hojas del ciruelo de su ventana. Más allá de la luna que la mira hay un despojo de posibilidades.

Es una princesa, y le huele la boca. Malestar estomacal por un sinsabor de coraje. Habla sin hablar y juega sin ases, no sabrás su historia, y no sabrás su conciencia, sólo sabrás que se ha ido cuando sople el viento en su silla vacía.

¿Será soledad o simple melancolía?

Es una princesa y miente tan bien, que no hay ardor que provoque ni chícharo que no note. Dice que no, y piensa que sí, mas debe la negativa y se arrepiente del abandono. Cinco palabras, quizá hasta diez, te otorga sin esperar que le cuestiones el silencio.

Es una princesa en vestido de seda, y un monstruo cuando acapara la mirada de su ego. No es tanto como dicen, no se cree lo que le explican. Responsabilidades, trajines, un café y un cuadro de azúcar. Es lo que reflejan, lo que quieren que sea, y cuando mira, cuando en verdad observa, está en otro lado siendo lo que nunca será.

Esconde su boca para descansar el silencio.

Es una princesa de candado, de diario y pluma, de canto y melodía. Tan libre que amarrada construye una torre de marfil, donde un día sueña con postrarse y detenerse ante el mundo. Soy una princesa gritará, y entre la multitud la escuchará el taconeo de unos pies apresurados. Mañana te haré caso, princesa, y me cuentas tu historia.

Mañana fue ayer, y no hay torre de marfil, la princesa una tragedia de sangre y premonición. Quizá una leyenda, del otro lado del espejo sonríe una cara sin voz hablando palabras sin viento.

¿Quién la recordará? ¿Quién contará su historia? Si es que ya no queda nadie que la conociera en persona.

Es una princesa.

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